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una chica normal y corriente. [pensamientos perdidos] (Personales)
Sábado, 12/07/2008
¿Qué harían con 60 millones de euros?

Buenas a todos, aquí estoy de nuevo.

Hoy quisiera empezar el blog con una pregunta, en apariencia sencilla, que seguramente habrán oído unas cuantas veces. Bien, ahí va:

¿Qué harían con 60 millones de euros?

Ésa es la cantidad mínima por la que el Manchester dejará que Cristiano Ronaldo marche al Real Madrid, según me han dicho. Dejemos a parte los comentarios del tipo unos tanto y otros tan poco, a pesar de ser los primeros que vienen a la mente.

Den rienda suelta a sus sueños.

Éstas son mis respuestas:

-Dar la vuelta al mundo.

-Hacerme con una biblioteca en condiciones, de ésas en las que son necesarias escaleras para llegar a lo más alto.

-Aprender a tocar la guitarra.

-Ir a clases de baile.

-Ir a clases de italiano.

Como habrán observado, la contestación es un poco impulsiva. Porque, si de verdad tuviese esa cantidad en mis manos, la cosa sería distinta. Sería realista: daría gran parte a una ONG, destinaría otra a la hipoteca de la casa, mis padres podrían reducir su horario laboral y descanasar más, ahorraría, guardaría gran parte para el máster y la universidad (mía y de mi hermano), los plazos del coche...  

No sé si con todo lo que he dicho me sobraría para lo que verdaderamente querría hacer; a mí esa cifra se me escapa.

Con esto, en apariencia una pregunta hasta un poco absurda, me he dado cuenta de la cantidad de veces que renunciamos a nuestros sueños. Sí, sé que la versión más realista es más segura y que una cantidad así no podría derrocharse cuando gracias a ella vas a lograr mejorar tu bienestar. Pero lo cierto es que en esta vida no hay nada cien por cien seguro, bueno que algún día vamos a morir, eso sí es seguro. Y también es verdad que nos arropamos en esa falsa seguridad para vivir. ¿Cuántas veces no han dicho o no han hecho algo porque estaban seguros de que podrían hacerlo en otro momento? En eso el refranero español es muy sabio: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

¿Saben? Me encanta soñar. Y lo hago despierta y dormida, a cada segundo. Me da pena descubrir que hay gente que ha renunciado a sus sueños o que directamente dice que prefiere no soñar, limitarse a tener los pies en el suelo. No soñar, para mí, es perder gran parte de la vida, como dejarse morir.

En El peregrino de Compostela (Diario de un mago) Paulo Coelho escribe: El hombre nunca puede cesar de soñar. El sueño es el alimento del alma, como la comida lo es del cuerpo. Muchas veces, en nuestra existencia, ver nuestros sueños deshechos y nuestros deseos frustrados, pero es necesario seguir soñando, pues de lo contrario nuestra alma muere (...)

>>El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo. Las personas más ocupadas que he conocido en la vida siempre tenían tiempo para todo (...) El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas. Porque no queremos considerar la vida como una gran aventura para ser vivida. Pasamos a juzgarnos sabios, justos, correctos en lo poco que pedimos de la existencia. (...) Finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida pasa a ser una tarde de domingo, sin pedirnos cosas importantes y sin exigirnos más de lo que queremos dar (...)

No sé qué les parecerá, pero yo creo que es sublime.

Sueñen, intenten hacerlos realidad, luchen por defenderlos y sentirán que están vivos.

¿Es que acaso los sueños no nos proporcionan bienestar? ¿Es que el bienestar no es un sueño común en lás personas?

Sí, los sueños, sueños son. Pero si reducimos a tanto esas pizcas de magia que nos brinda la vida, acabaremos limitándonos a existir en lugar de ser.

Y si lo que temen es salir de su burbuja de protección y de seguridad, conocer ese mundo en el que lo más normal es caerse continuamente o  tropezar con la misma piedra... empiecen a perderel miedo. Porque lo mismo que piedras, hay personas que siempre están dispuestas a levantarnos. Sólo hay que saber reconocerlas; por lo general, tienen una sonrisa en los labios, un oído atento y un hombro en el que apoyarse.

Retomo la pregunta inicial, pero con un ligero cambio:

¿Qué harían con 60 euros?

Sin los millones impone menos, ¿verdad?

Por algo dicen que el buen perfume se vende en botes pequeños.

Sé que algunos pensarán que el veneno también. Pero, díganme ¿apreciarían el buen perfume de la misma manera que lo hacen sabiendo de la existencia del veneno?

Ahí queda eso.

No dejen de soñar.

Cuídense.

 
Escrito por Una Chica Normal Y Corriente a las 14:11 pm Hacer comentario (0)

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Miércoles, 09/07/2008
Jugando en el patio

Buenas tardes a todos.

Hoy les escribo mientras suenan de fondo diversas bandas sonoras. Ahora mismo escucho la de Aladdin y eso me ha traido recuerdos de cuando era pequeña. Especialmente de los momentos en los que se juagaba a las princesas y los castillos, con esas constantes peleas por ser tal o cual personaje. Recuerdo aquellos recreos del comedor con mucho cariño. Nosotras teníamos nuestra variante particular, y es que en vez de que la acción transcurriera en un lujoso palacio, lo hacía en una hacienda; en vez de un rey, había un gobernador; en vez de un lejano reino, California y en vez de un príncipe azul... un legendario bandido llamado el Zorro.

Y adivinen quién era el Zorro.

Sí, efectivamente: era yo.

Si quieren pueden reirse. Yo lo hago, sobre todo pensando en que volvería a serlo. Y es que desde pequeña, he sentido un especial cariño por ese hombre enmascarado que se dedicaba a hacer zetas por doquier.  Me fascinaba ese concepto de héroe solidario que sin necesidad de recurrir a varitas mágicas, pociones, resiudos nucleares o picaduras de arañas era capaz de salvar una parte del mundo y encontrar el amor. Además, el juego de la doble personalidad, señorito ocioso y bandido justiciero, me hechizaba; admiraba esa sangre fría, ese cuidado en que no le descubrieran. Y luego, por supuesto, el romanticismo de la situación. Cuando hablo de romanticismo me refiero a su sentido más puro: amor, libertad, sueños, pasión, intensidad, dramatismo, rebeldía, evasión, superación de los límites de la razón...

Quizás ése sea el origen de mi vena romántica.

Sí, lo confieso, soy una romántica empedernida.

¡Ah! ¡Se me olvidaba! El Zorro no tenía dueño, podía hacer lo que quisiera sin tener que dar explicaciones a nadie, podía luchar y arriesgar hasta su propia vida por sus ideales... pero, ¿y las princesas? Las princesas, o las hijas del gobernador, tenían que quedarse bajo la autoridad paterna y ver cómo les iban dibujando su propia vida.

Como les iba diciendo, yo siempre me lo pedía. ¡Y no vean lo que disfrutaba dando botes con el babi atado al cuello cual capa, batiéndome en duelo con el malísimo Ricardo que pretendía a mi amada y cagalbando a lomos de mi corcel Tornado!

Tal vez se pregunten, con sorna, si los chicos hacían el papel de las damiselas. La respuesta es sencilla, mi colegio en esa época era sólo de chicas.

Ahora creo que, tal vez, aquello fuese mi forma de rebelarme, de demostrar que yo también podía ser mala. Me explico. En el colegio siempre he sido, y soy, alguien que para los demás roza casi la perfección. Y claro, eso te somete a una presión que espero que no hayan sufrido nunca. Si yo me equivocaba... ¡Oh Dios mío! ¿Pero cómo te has podido equivocar TÚ?

Así que imagínense la situación, ¿era o no como para esconderse detrás de un antifaz e ir impartiendo justicia en favor de los oprimidos?

Me hace gracia pensar que siempre he crecido bajo la sombra de héroes como éste. En mi lista tampoco han faltado la Pimpinela Escarlata, Indiana Jones, Juana de Arco y otras mujeres que luchaban, se comportaban como hombres y encima conseguían a su amor.

Y mientras de pequeña mi misión era la de salvar, liberar, luchar... ahora... já, seguro que no hace falta que diga que busco a mi príncipe. 

Aunque esa princesa que hay en mí lleva entre sus ropajes una espada y esconde muchos secretos bajo su antifaz de sombras y pintalabios.

¡Hay que ver lo que da de sí una canción!

Mañana, si puedo, más.

Cuidense.

 

 
Escrito por Una Chica Normal Y Corriente a las 20:00 pm Ver/Hacer comentario (1)

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Lunes, 07/07/2008
Del mar y el tiempo

Hola de nuevo.

Este fin de semana lo he pasado en la playa y, antes de que me lo pregunten, no hay ninguna medusa. Por ahora.

Lo bueno de bajar a la playa es que, a parte de pasar mucho tiempo leyendo, me dedico a darle vueltas al coco, a pensar, a buscar respuestas a cada por qué. Supongo que será por aquello del mar. Siempre he creído que esa inmensa masa de agua esconde algo; es mágico. El vaivén de las olas, los reflejos del sol... Hay tanta belleza concentrada en un único ser que parece casi irreal. Y, si no, prueben a observar el mar... verán como inmediatamente las olas mecen y revuelven sus recuerdos, sus preocupaciones, sus pensamientos, sus sentimientos... 

En su libro Marina, Carlos Ruíz Zafón escribe: No sabía entonces que el océano del tiempo, tarde o temprano nos devuelve todos los recuerdos que enterramos en él.

Creo que la comparación es totalmente acertada. No soporto los argumentos fáciles del tipo "tiempo al tiempo" o "el tiempo lo cura todo" aunque en ocasiones sea lo único que se pueda decir. Nosotros fuimos los que creamos el tiempo y ahora es el tiempo el que nos somete. Teníamos esa necesidad de dar nombre a aquello que nos sucedía, al vértice entre antes y después, pasado y fututo, nacimiento y muerte.

No nos engañemos. El tiempo es la medida de la vida. Es escalofriante pensar que cada segundo que vivimos, es un paso más al fin. No es que me asuste la idea de la muerte. Lo que me asusta es dejar cosas por hacer, haberme limitado a contemplar cómo pasaba el tiempo, a buscar recuerdos y sentimientos pasados sin preocuparme de encontrar unos nuevos... No sé si me entienden.

Supongo que todos, en cierto modo, buscamos la eternidad. Aunque sea a través de un libro, un cuadro, un programa informático, un hijo o, por qué no, un blog. Es como si quisiéramos gritarle al tiempo: ¡Eh! ¡Que yo he estado aquí! ¡He vivido! ¡He sentido! ¡He amado y me han rechazado! ¡Me has arrastrado, me has condenado a desaparecer pero mi existencia no ha sido en vano!

Quizás ese sea el sentido de la vida. No lo sé. Aún me queda tiempo para descubrirlo. Soy joven, aunque podría morir mañana. Por eso intento vivir con intensidad,  burlar a nuestro viejo ¿amigo? Cronos. Algún día les contaré cómo tomé esa decisión.

Bueno, creo que me he ido un poco por la tangente. Del mar al tiempo... Me suele pasar a menudo... Quizás piense demasiado rápido. Tal vez tenga miedo a que se pierdan los pensamientos.

No lo sé.

Buenas noches.

Cuídense.

 
Escrito por Una Chica Normal Y Corriente a las 23:36 pm Ver/Hacer comentario (2)

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Viernes, 04/07/2008
Instantes de libertad

Bueno, aquí estamos otra vez delante del ordenador y escuchando la radio. ¿Saben? Ayer me pasó algo muy curioso que me gustaría compartir con todos ustedes.

Verán, una de mis amigas nos invitó a mí y a otras niñas a su casa a bañarnos en la piscina, comer y pasar la tarde allí. Como es normal, y con estos calores, no había quién nos sacase del agua pero cuando el olor de la comida (unos deliciosos espaguetis) llegaron a nuestras pituitarias, salimos como almas que lleva el diablo. La comida  y la sobremesa transcurrieron como transcurren todas en las que se juntan un grupo de amigas: risas, cotilleos, planes para los próximos días, recuerdos y chicos.

De pronto, la hermana pequeña de una de ellas propuso jugar al Singstar. Éste es un juego para la Play que consiste en cantar y conseguir puntos en función a cómo se haya cantado. Mi primera interpretación, una canción de Chenoa, logró los 8000 puntos... algo que no volví a repetir en toda la tarde y que ni siquiera sé cómo logré porque, a parte de mi madre que es una santa y de la ducha, no creo que nadie más aprecie mis cánticos celestiales.

El caso es que tras unas cuantas rondas decidimos poner el disco que traía las canciones de los años ochenta. La otra chica con la que yo formaba el equipo rojo tampoco es que cantase muy bien, así que, viendo nuestros espectaculares fracasos, decidimos cantar canciones que no sólo no nos sabíamos la letra, si no que no habíamos oído hablar de ellas en nuestra vida. El experimento fue un éxito y el otro grupo se sumó a la iniciativa.

La mayor parte de las veces no había quién siguiera la canción ya que la letra aparece según los tonos y, de este modo, las palabras se separan en sílabas perdiendo gran parte del significado si no se es muy ágil. Y como podrán imaginarse, entre las risas, las coreografías y el cachondeo que teníamos montado no estábamos muy ágiles que digamos.

Entonces recordé una película, que si no han visto les recomiendo que lo hagan, llamada Cadena Perpetua. En ella se relata cómo un hombre inocente entra en la cárcel acusado del asesinato de su esposa. La película invita a la reflexión y a cuestionarse distintos aspectos de la libertad.

En la escena en cuestión, uno de los presos consigue poner por el altavoz un disco en el que cantan unas mujeres italianas. El asombro es tal que todos los reclusos dejan de hacer lo que estuvieran haciendo para escuchar aquello. Por unos instantes se sienten hombres libres.

Uno de ellos, interpretado por Morgan Freeman, hace la siguiente reflexión: "No tengo ni la más remota idea de que coño cantaban aquellas dos italianas y lo cierto es que no quiero saberlo, las cosas buenas no hace falta entenderlas. Supongo que cantaban sobre algo tan hermoso que no podía expresarse con palabras y que precisamente por eso te hacia palpitar el corazón".

Supongo que, en apariencia, lo que les he contado sobre nuestra actuación no tiene mucho que ver con la película. Pero en aquel momento, intentando seguir las letras de esas canciones, recordé la película y me sentí un poco como Morgan Freeman: sin saber muy bien qué era lo que cantaba pero sintiéndome libre por ello. Más que libre, me sentía viva. Y no sólo por destrozar esas canciones creyéndome que de verdad lo hacía bien, si no por compartir ese momento con mis amigas, por bailar como una loca, por ser capaz de burlarme de mí misma y seguir riendo. Por todo eso.

Así que hoy, desde la pantalla de sus ordenadores, les invito a todos a disfrutar de esos instantes de libertad sin intentar entenderlos o buscar un por qué.

Que sean muy felices.

Cuídense.

 
Escrito por Una Chica Normal Y Corriente a las 15:24 pm Ver/Hacer comentario (2)

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Martes, 01/07/2008
Algo sobre mí

Bueno, primeros de mes y, por qué no, primera vez que escribo en un blog fuera del messenger o del tuenti.

Supongo que ahora es cuando pega que hable un poco sobre mí, pero lo cierto es que no sé qué escribir sin que ponga un poco en riesgo mi propia identidad (ya saben, por aquello de los desaprensivos que están por la red...). Simplemente diré que soy una adolescente (y miren que no aguanto esa palabra; ahora les explico) que está a punto de dejar de serlo, que está llena de dudas, de miedos, de promesas y de futuros inciertos. Les decía que no soporto la palabra "adolescente"  y la razón es bien sencilla: la gente se empeña en encerrar en esas once letras todo un mundo que sería imposible encerrar en todo el abecedario. Y no sólo contentos con eso, cuando no hay explicación posible (a su parecer) a un comportamiento o a un sentimiento todo se achaca a "menuda adolescencia que tienes..." a lo que hay alguien que responderá "déjala, todos hemos sido adolescentes..." Y, lo siento, llámenme inconformista o idealista, pero no me resigno a la idea de que se nos pueda reducir a una palabra o a un conjunto de cambios, meramente biológicos.

Me hace gracia porque a cabo de recordar una vez que una profesora, no recuerdo a santo de qué, nos dijo que éramos adolescentes precisamente porque nos tocaba adolecer, sufrir... No recuerdo mucho más de aquella conversación pero, si de algo estoy segura, es de que yo no quiero sufrir. En realidad imagino que nadie quiere sufrir, pero es algo que se hace inevitable. Por supuesto no voy a decirles que yo no sufro, como ustedes tampoco vendrán a decírmelo a mí. Sería una tontería porque ambos sabríamos que el otro estaría mintiendo.

Tal vez sea cierto que a esta edad se adolezca más que en otras, por aquello de los cambios que se suceden a nuestro alrededor. Es como si de estar continuamente en el asiento de atrás del coche hubiésemos pasado a comenzar a conducirlo, o por lo menos a sentarnos en el asiento del copiloto. Ya no vemos el mundo desde una ventanilla lateral donde todo pasa tan rápido que no logramos entenderlo ni lo vemos tal y cómo los adultos nos lo describen desde su privilegiada posición de conductor; ahora empezamos a verlo de frente, a vernos las caras, a saber cómo, cuándo, dónde y por qué aparecerán las señales, las casa, las áreas de servicios... Sólo nos falta tomar el volante y decirdir cuáles de esas señales vamos a seguir o en qué áreas vamos a parar.

El problema es que los conductores se resginan a abandonar ese lugar. No es que lo hagan por egoísmo, es que tratan de protegernos de todo aquello que ya conocen. Lo hacen por nuestro bien, pero no se dan cuenta de que si no nos equivocamos, si no nos arriesgamos, si no luchamos por lo que nos importa, si no nos realizamos y otros tantos condicionales, no viviremos. Y en mi opinión, y supongo que estarán de acuerdo conmigo, desaprovechar la vida, la oportunidad de vivir, es casi un delito.

Resumiendo, que la a-do-les-cen-cia (pronunciada como si se tuviese un dolor de estómago) es el momento en el que quién ocupa el puesto de copiloto empieza a plantearse por qué no conducir el coche. Y a partir de esa idea surgen los conflictos con el conductor y con uno mismo, los miedos, los futuros inciertos y todo ese torbellino de sentimientos que no nos sabíamos capaces de sentir.

Bueno, para ser mi primera entrada creo que no ha estado mal. Quizás un poco larga. Tal vez no era esto lo que esperaban leer, ya me dirán.

Hasta la próxima, cuídense.

 
Escrito por Una Chica Normal Y Corriente a las 14:52 pm Ver/Hacer comentario (2)

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 una chica normal y corriente (Personales)
 
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