09 Feb 2010

El lado oscuro de la vida

Leo en el blog de Elsa Aguilar, Editar en voz alta, que en literatura infantil y juvenil, contrariamente a lo que piensan muchos, se puede hablar de todo: de la muerte, de las injusticias, de teología... Sólo hay que encontrar una buena forma de hacerlo.

Y precisamente hoy no puedo estar más de acuerdo. Acabo de leer “Tiempo para más cuentos”, un sencillísimo y encantador álbum ilustrado de la editorial asturiana Pintar Pintar que, aunque no lo parezca, trata sobre el cáncer.

Las protagonistas son Manuela y Valentina, dos niñas pequeñas que viven una vida normal con sus padres, sus colegios y sus prisas para llegar a tiempo a todo. Sólo tenemos una pista de la dirección que va a tomar la historia: las dos pequeñas adoran la larguísima melena de su madre.

Un buen día, la vida de Manuela y Valentina se pone patas arriba: mamá ingresa en el hospital, papá se va con ella y las niñas deben mudarse una temporada a casa de sus tíos. Y eso no es lo peor: lo peor es que cuando su madre vuelve a casa está mucho más delgada, tiene que apoyarse en un bastón y ha perdido por completo su maravillosa mata de pelo. Sin embargo, todo tiene su parte buena: ahora toda la familia se tomará las cosas con mucha más calma... Y hasta que el pelo vuelva a crecer, habrá mucho tiempo para leer más cuentos.

La palabra “cáncer” no se menciona en todo el texto, pero cualquier niño que haya tenido a un enfermo en la familia habrá experimentado los sentimientos que describe: desconcierto, soledad, tristeza, extrañeza, sensación de abandono...  Todo contado con delicadeza y sentimentalismo a raudales, pero también con valentía y esperanza, sin caer en tremendismos. En resumen: un libro perfecto para familias que hayan tenido la desgracia de padecer esta dolencia. Y, en este caso, con final feliz.

"Tiempo para más cuentos". Concha de la Hoz Fernández y Pieruz. Editorial Pintar Pintar.





01 Feb 2010

Pequeñas grandes historias

Tengo debilidad por los álbumes ilustrados que relatan historias pequeñas, como “La sopa quema”, “Inés del revés”, “Berto lo ve claro” o el clásico “Donde viven los monstruos”. Creo que los niños se reconocen en estas historias cotidianas que para ellos son cualquier cosa menos banales, y que disfrutan de las cadencia, las palabras y las ilustracione. Acabo de leer “La ventana infinita” (premio Destino infantil-Apel·les Mestres), que entra dentro de esta categoría y que relata las conjeturas que hacen dos hermanos al descubrir que hay un niño recién llegado al barrio que les observa cada día desde su ventana.

“La ventana infinita” habla del proceso misterioso por el que un niño nuevo se convierte en un nuevo amigo. Y, como todas las historias cotidianas, en realidad habla de cosas mucho más profundas: sobre el rechazo inconsciente a los desconocidos, sobre la creación de rumores y la antipatía injustificada y, por suerte, sobre la voz de la razón que incita a conocer antes de juzgar. En resumen: una pequeña gran historia contada con mucha sencillez y sobre la que se puede reflexionar a todas las edades.

“La ventana infinita”. Texto de Andrés Pi Andreu. Ilustraciones de Kim Amate. Editorial Destino.


25 Ene 2010

Hambre, sudor y lágrimas

Se habla mucho de la importancia de que los niños lean  y muy poco de la necesidad de que los adolescentes sigan leyendo. Lo cierto es que los más pequeños, muy tutelados por sus padres y profesores, visitan las bibliotecas y librerías con cierta frecuencia, y que el gran drama se produce a los 12 o 13 años, cuando muchos de ellos cierran los libros para siempre.

No soy una experta en el tema  y no sabría decir por qué, aunque creo que hay dos razones básicas:

1. A esa edad, la vida se vuelve muy emocionante. Amigos, salidas nocturas, primeros amores... Es lógico, hasta cierto punto, que se vean devorados por ese universo paralelo que es el grupo de amigos. Los que hayan cultivado hábitos lectores en la infancia volverán a ellos cuando pase el primer ardor.

2. Los adolescentes no siempre encuentran libros interesantes Las lecturas obligatorias se vuelven a menudo demasiado áridas y clásicas y les crean rechazo, y como lectores se encuentran en una “tierra de nadie” en la que no les convencen ni los textos infantiles ni muchos de los autores adultos.

Curiosamente, sin embargo, ésta es la edad a la que se desarrollan también grandes pasiones literarias: “El señor de los anillos”, “Crepúsculo”, “La  historia interminable” o las novelas de Stephen King. Acabo de leer un libro que, de haber caído en mis manos a esa edad, me habría llenado de fascinación. Se titula “Los juegos del hambre “y es el primer tomo de una trilogía de fantasía escrita por Suzanne Collins y publicada en España por RBA.

La mejor forma de describir “Los juegos del hambre” es como un “Battle royale” posapocalíptico. La historia se desarrolla en un Estados Unidos dictatorial, en un futuro cercano. Como recuerdo de un intento de rebelión contra la dictadura del Capitolio, los 12 distritos del país deben participar cada año en los espantosos Juegos del Hambre: un reality show en el que 24 adolescentes (dos por distrito, elegidos en sorteo) deben combatir entre ellos hasta que sólo quede uno. La protagonista, Katniss, es una chica de 16 años que se ofrece para luchar en lugar de su hermana pequeña.

La historia puede no parecer demasiado original; recuerda a la ya mencionada “Battle royale” y, en mi opinión, mucho más a “El corredor”, de Stephen King (más conocida por su versión fílmica, “Perseguido”, con Arnold Schwarzenegger). Pero está redactada de una forma sólida y ágil, consigue escapar de ciertos tópicos y traza algunos personajes con mano bastante firme, por lo que creo que gustará a lectores de más de 13 años. En concreto, éstos son los elementos que me habrían encantado a esa edad.

1. Una historia posapocalíptica, muy frecuente en el cine dirigido a esta edad, pero no tanto en la literatura.

2. Un ritmo trepidante, con muy emocionantes finales de capítulo y siempre un as en la manga de la trama.

3. Una historia adulta, con la cantidad justa de dureza,  algo que los jóvenes, recién emergidos de las historias infantiles, agradecen y disfrutan.

4. Romance (o, más bien, promesa de romance) y acción en la misma proporción. El romance no es ñoño; la acción no es ultraviolenta. El resultado es bastante unisex, algo que siempre resulta agradable.

5. ¿Cómo funciona un reality? Vemos sus técnicas  en toda su retorcida maldad.

6. Los personajes. Es imposible no encariñarse con la arisca Katniss, con su negativa perenne a fiarse de nadie, con su amor incondicional por su hermana pequeña y con su desconfianza en el cariño de cualquier otra persona. También Peeta, su compañero-rival, alcanza un buen desarrollo y consigue mantener hasta el final la intriga sobre sus verdaderas motivaciones. 

RBA acaba de lanzar el segundo tomo de esta trilogía, "En llamas", que espero leer y reseñar en breve. Seguiremos comentando.  



14 Ene 2010

Clásicos ¿juveniles?

La última adaptación de las aventuras de Sherlock Holmes está a punto de llegar a nuestras pantallas. Y, al ver los cambios que se han hecho en el personaje (poco menos que un superhéroe victoriano) para adaptarlo a los gustos contemporáneos, no puedo evitar preguntarme si esos “cambios necesarios” son aplicables también al original literario. O, en otras palabras: ¿pueden los clásicos juveniles con los que crecieron nuestros abuelos seguir siendo digeridos y disfrutados por nuestros tecnológicos pequeños lectores?

Caso 1. Julio Verne. Lamentablemente, no leí un solo libro de Verne en mi infancia. La culpa la tuvieron las versiones en cómic de los clásicos “Famosas novelas”, a las que sí era muy aficionada, que mataron cualquier curiosidad que pudiera sentir por los textos originales. Ya de mayor quise compensar esta laguna y me zambullí en “20.000 leguas de viaje submarino” y “Viaje al centro de la Tierra”. El resultado fue desolador. Páginas y páginas de tecnicismos y descripciones minuciosas que me borraron cualquier épica que pudiera sentir. Me fue algo mejor con “Dos años de vacaciones”, tal vez porque los protagonistas eran muchachos . Curiosamente, Salgari me resultó más fácil de leer; y eso que, según todos los críticos, fue mucho peor escritor y, desde luego, carecía de la capacidad de investigación y la intuición científica de Verne.

Mi opinión: sólo para ya iniciados.
Títulos recomendados: "Dos años de vacaciones". Ed Rialp

Caso 2. Sherlock Holmes. A pesar de su altisonante estilo decimonónico y del predominio de la argumentación lógica sobre la acción, creo que puede seguir conquistando a los lectores jóvenes, sobre todo si lo consideran una especie de Grissom victoriano. La mayoría de los relatos son breves y autoconclusivos, pero tienen una continuidad que engancha: los irregulares (gamberretes que investigan a sueldo de Holmes), la historia de amor entre Watson y una de las primeras clientes de Holmes, las apariciones de Mycroft, hermano de Sherlock, las argucias de Moriarty... En definitiva, Conan Doyle sigue siendo una excelente puerta al género detectivesco. Eso sí, no todos los relatos tienen la misma calidad.

Mi opinión: apto para todos los públicos
Títulos recomendados:“El signo de los cuatro”, “Escándalo en Bohemia”, “Los danzarines”, “La liga de los pelirrojos” y, por supuesto, “El perro de los Baskerville”.
Todos están en "Todo Sherlock Holmes", de Cátedra. Una buena
antología: "Sherlock Holmes, las aventuras imprescindibles", de Alianza.


Caso 3. Los tres mosqueteros.
Las aventuras de D’Artagnan y sus colegas de amplio sombrero fueron concebidas como folletín para la prensa, y tienen lo bueno y lo malo de este formato. Lo bueno: que priman la acción, el suspense y el final de capítulo trepidante para asegurarse de que el lector vuelva a por más. Lo malo: que las tramas se estiran hasta el infinito o, mejor dicho, hasta los tres grandes y adquieren la forma de tres novelas: “Los tres mosqueteros”, “Veinte años después” y “El vizconde Bragelonne”. Veredicto: sólo para grandes lectores.

Mi opinión: muy empocionante para lectores que no se asustan por los "ladrillos".
Títulos recomendados: "Los tres mosqueteros". En múltiples editoriales.

Caso 4. Edgar Allan Poe. Desde mi punto de vista, no pasan nunca de moda. Son aterradores, están bien escritos y forman parte de nuestra cultura popular. Tal vez los lectores muy televisivos encuentren "lenta" la acción, pero, si perseveran, disfrutarán y sufrirán (¡miedo!) a partes iguales. Además, pocos superan las 20 páginas, con lo que se pueden seleccionar y dosificar. Como en el caso de Holmes, es aconsejable tener una buena antología, ya que no todos son igual de buenos. Y, si el joven lector siente curiosidad, que se aventure con los menos conocidos, pero geniales, relatos humorísticos de Poe, a menudo eclipsados por la fama de los terroríficos.

Mi opinión: para lectores de corazón fuerte y paciencia narrativa. 
Títulos recomendados. Relatos de miedo: “El barril de amontillado”, “La carta robada”, “El corazón delator” y “El entierro prematuro”. Humorísticos: “Por qué el pequeño francés tiene el brazo en cabestrillo” y “Nunca apuestes tu cabeza al diablo”. También se han publicado en distintas editoriales. Anaya acaba de relanzar su edición.

Caso 5. Tom Sawyer. Puede que sea el más injustamente olvidado de todos los clásicos, un tratamiento que no se merece uno de los primeros libros escritos expresamente para jóvenes. Y más aún teniendo en cuenta que su autor es el siempre genial, sarcástico e irónico Mark Twain, el mismo que respondió a un periódico que había publicado su muerte con este telegrama escueto: “Los rumores sobre mi muerte han sido enormemente exagerados”. A pesar de lo lejana que pueda parecer la sociedad rural a orillas del Mississippi y de la moralina omnipresente, la voz de Tom y su inseparable Huck siguen tan jóvenes y vivaces como siempre. Pidámosles que les den una oportunidad, al menos, al primer libro de la saga.

Mi opinión: una joya, para quien sepa descubrirla
Títulos recomendados: "Tom Sawyer" y "Las aventuras de Huckleberry Finn"; no recuerdo con tanto cariño “Tom Sawyer detective” y “Tom Sawyer alrededor del mundo”. En Anaya, Espasa y La Galera, entre otras editoriales.














04 Ene 2010

Los otros Goscinny

Ahora que Astérix acaba de cumplir 50 años, se ha escrito mucho acerca de sus creadores, René Goscinny y Albert Uderzo, y se han escrito grandes loas a Uderzo, dibujante de la serie y continuador de las historias de los irreductibles galos tras la muerte del guionista Goscinny en 1977.

Sin embargo, yo me uno a los que piensan que Astérix sin Goscinny no es más que una cara bonita y prefiero hablar de los otros personajes inmortales, a menudo menos conocidos, que el gran René creó a lo largo de los años.

Lucky Luke (dibujado por Morris). El vaquero más rápido que su propia sombra duerme un larguísimo e injusto sueño. Pero fue la primera gran creación de Goscinny, animada por los desgalichados y divertidos personajes de Morris, y en él están todas las semillas de su genial forma de narrar. Los amantes del galo diminuto encontrarán también en los cómics de Lucky Luke la misma inteligencia, la ironía, la crítica social, política y hasta moral y el toque surrealista. También cuenta con una tribu de secundarios en estado de gracia: los cuatro hermanos Dalton, más malvados cuanto más bajitos; Ran Tan Plan, el perro más tonto del mundo, cuyo olfato era “como una brújula que señalara siempre hacia el sur”, el inteligente caballo Jolly Jumper o el malcriadísimo bandido Billy The Kid, muy dado a rabietas, a ganas de llevar la contraria y a amores incondicionales. Algunos de mis episodios preferidos son “El bandido mecánico” (sobre la introducción de las tragaperras en el puritano y lejano Oeste), “El emperador Smith” (o cómo llevar el talante napoleónico a la vida de cow-boy), “La curación de los Dalton”, con sus chistes sobre el psicoanálisis, y “Billy The Kid”.

Las aventuras de Lucky Luke están editadas por Planeta de Agostini.
    


El pequeño Nicolás (dibujado por Sempé). Comenzó como chiste visual en una revista y fracasó. Volvió a la carga como relato breve y triunfó. Nicolás y sus amigos (el empollón Agnan, el forzudo Eudes, el comilón Alcestes, el eternamente suspendido Clotario) son la creación más ingenua y encantadora de Goscinny. Su punto de partida es mucho más simple que el de otras series: la vida diaria de un niño francés de clase media. Pero la voz de Nicolás es tan auténtica y se asombra tanto de todo lo que ve, sus amigos y él se meten en líos con tal convicción y entusiasmo, los adultos son tan autoritarios e incomprensibles que es imposible no enamorarse de todos y cada uno de estos pequeños metepatas. Y, como todas las otras obras de Goscinny, puede ser leída por padres e hijos con igual placer. Hace un par de años, la hija de Goscinny y Sempé decidieron publicar las historias inéditas de Nicolás, un inesperado regalo que decepciona por dos motivos: el autor las desechó por no considerarlas tan buenas como las otras y, en efecto, no lo son, y el traductor al castellano no siguió la línea de los libros originales, con lo que pierden gran parte de su musicalidad. Los dibujos de Sempé, en cualquier caso, merecen la inversión.

"El pequeño Nicolás", "Las vacaciones del pequeño Nicolás", "Los amiguetes del pequeño Nicolás" y todos los libros de esta serie están publicados por Alfaguara.

Iznogoud (dibujado por Tabary). “¡Quiero ser califa en lugar del califa!”. Tal es el grito de guerra del perverso y constantemente emberrechinado visir, que llega a referirse a su “jefe” como “mi futuro predecesor” y que recuerda, en su sucesión de asesinatos frustrados, al infeliz Coyote de las Looney Tunes. El universo mágico de Bagdad permite a Goscinny nuevos niveles de desenfreno narrativo: anacronismos, parodias y sátira social están presentes casi en cada episodio. Las historias de Iznogoud tienen otra ventaja: son muy cortas, a veces de sólo seis o siete páginas, lo que las convierte en perfecta lectura nocturna para los peques. Una curiosidad: el origen de esta serie está en “El pequeño Nicolás”, en un cuento que el monitor del campamento de verano relata a los niños.

En Planeta de Agostini pueden encontrarse "El gran visir Iznogoud", "Iznogoud el infame", "Una zanahoria para Iznogoud" y los demás tomos de esta serie.











10 Dic 2009

Los olímpicos contraatacan

Los olímpicos contraatacan

Era de esperar: con “Percy Jackson and the lighting thief” en parrilla de salida, la saga literaria en que está basada ha recibido el empujón definitivo y al fin se ha publicado en España el cuarto de los cinco tomos que componen la serie: “Percy Jackson y la batalla del laberinto”. Me lo acabo de leer y tengo que decir que ha sido amor a segunda vista.

Ahora, sin embargo, creo que Rick Riordan ha sabido guiar a sus personajes hacia un mundo mejor. Percy ha madurado como protagonista: hace gala de una ironía muy lúcida y de una personalidad definida. Los villanos tienen tanta profundidad como los héroes, algo raro de ver, y más en literatura juvenil, y siempre estamos a un paso de comprender su postura. Hay también un triángulo amoroso tan complicado y absurdo como sólo pueden serlo las relaciones adolescentes y visiones de la familia moderna que se alejan de los tópicos. Y lo mejor es que todas estas virtudes se pueden dejar alegremente de lado para disfrutar de una aventura emocionante, divertida y bien acabada, llena de enemigos mortales e inmortales, héroes estigmatizados por el destino aciago, hermanastros cíclopes y menús del McDonald’s que sirven para invocar a los muertos.

Sólo una ligera crítica a la edición española: ¿por qué Salamandra ha probado tantos diseños diferentes de la saga en sólo cuatro libros? Sería de agradecer, si las ventas lo permiten, una edición unificada.





25 Nov 2009

El aterrador mundo de las hadas

Cuando yo era pequeña, tenía un libro maravilloso titulado “Hadas”, de Brian Froud y Alan Lee (¡sí, el ilustrador de “El señor de los anillos”!). Me gustaba porque estaba lleno de ilustraciones preciosistas y “realistas” (con perdón) y porque su enfoque era igualmente “realista” (de nuevo, perdón).

Hablaba de todas las criaturas feéricas tal como se definían en las leyendas populares: salvajes, sometidas a su naturaleza y a sus caprichos y sin concesiones morales de ningún tipo. Allí descubrí los peligros de los corros de hadas, que te atraen y te esclavizan sin remedio; la maldad de los duendes, que roban niños para criarlos entre hadas y dejan muñecos en su lugar; la astucia de las selkies, que salen a buscar víctimas ocultando sus pieles de foca para que nadie pueda atraparlas y el terror al grito de la banshee, que anuncia la muerte. Froud y Lee describían un mundo lleno de vida, maldad, bondad caprichosa y poder, y lo leí durante años con fascinación y cierta propensión a las pesadillas.

El libro, por cierto, sigue editándose y es especialmente recomendable para los fans de Harry Potter, que encontrarán en sus páginas el origen de muchos de los seres mitológicos descritos en sus páginas.

Por eso, me ha alegrado mucho leer un libro que resucita el espíritu de “Hadas”, alejando el mundo feérico de cualquier gazmoñería de color rosa. Se titula “Fablehaven” (Roca) y es el primer tomo de una serie escrita por el estadounidense Brandon Mull.

La historia arranca cuando dos hermanos, Kendra y Seth, se ven obligados a pasar un verano en la misteriosa finca de su abuelo. El anciano no les recibe de buen grado y les impone una serie de prohibiciones que Seth, el más aventurero, no tarda en saltarse a la torera. Así, de la forma más accidentada posible, los dos descubren que Fablehaven es en realidad una reserva de seres fantásticos de la que su abuelo es administrador. Es más: las criaturas no se caracterizan por su respeto a la vida humana y se rigen por una serie de reglas propias que los dos hermanos tendrán que aprender para sobrevivir... y para salvar a sus seres queridos.

La redacción es bastante ágil, aunque rebuscada en ciertos momentos, y destaca la caracterización de los personajes y su evolución a lo largo de la historia. También “planta” con acierto varios misterios que deberán ser resueltos en próximas entregas, como los misteriosos artefactos mágicos que se encuentran escondidos en Fablehaven o la identidad del traidor. Merece la pena echarle un vistazo.


12 Nov 2009

Autores de siempre: Elena Fortún

Ahora que ya  hemos entrado en confianza, voy a atacar con mi autora injustamente olvidada número uno: Elena Fortún. Sé que las “niñas” de cierta edad no tendrán problemas para identificarla. Incluso puede que muchas treintañeras (como yo misma) hayan heredado los “libros de Celia” de sus madres y la recuerden con cariño. Pero creo que, para las niñas de hoy en día, es una perfecta desconocida.

 

Una gran injusticia. Elena Fortún (o, si queremos llamarla por su verdadero nombre, Encarnación Aragoneses) es una buenísima escritora para niños. Es cierto, por decirlo todo, que sus textos envejecen mal. Tienen un tono entre ñoño y pizpireto que chirría un poco a los lectores actuales. Pero ése es su único (y discutible) defecto y, a cambio, nos ofrecen una prosa infantil no contaminada por influencias externas. Sus personajes fantásticos con puramente ibéricos, algo inédito hoy en día: el hada Melusina, los duendes, el tío Camuñas, el diablo, las santas y vírgenes...

Ahora se habla mucho de “Harry Potter” y sus personajes “crecederos”, pero Elena Fortún llevó esta técnica mucho más allá: de una única niña, Celia, creó todo un universo, en el que siempre había otro niño para tomar el testigo de la narración; Cuchifritín, el hermano pequeño; las primas Pili  y Miss Fly, acompañadas por la perversa Matonkikí; de nuevo una Celia adolescente, enfrentada a la orfandad, a la madurez repentina, a la maternidad de sus hermanas pequeñas, a la guerra civil, a la muerte del amor y al exilio, por este orden; y Patita y Mila, las dos hermanas, ya en edad de tomar la palabra.

     

Éstos son sólo los protagonistas. Hay muchos más personajes que crecen alrededor de Celia: su padre, bondadoso y viudo triste; su frívola madre, empequeñecida por la enfermedad; el solterón tío Rodrigo, enamorado primero de una francesita y convertido después en un ricachón menos benévolo que en la infancia de Celia; el terrible abuelo, republicano, gritón y blando con los niños; la débil tía Cecilia, casada por conveniencias; la estricta tía Julia, responsable e intolerante, y decenas de amigos, profesores y conocidos.

Pero la que más cambia es Celia, niña rica e imaginativa al principio y adulta a la fuerza, triste, bondadosa y sabia sólo unos años después. Durante muchos años nos faltó uno de los motivos clave de este cambio: el libro “Celia en la revolución”, que Elena Fortún nunca publicó y que la estudiosa Marisol Dorao rescató, en forma de borrador, de las manos de su ancianísima nuera. Se publicó en los 90 y hoy está prácticamente descatalogado.

Todo el conjunto es vivo, divertido en sus tomos más infantiles (los cinco primeros, protagonizados por celia; los dos siguientes, de Cuchifritín; y los dos de Matonkikí, sobre todo), reflexivo en los más adultos y, en resumen, un relato que merece ser disfrutado por la próxima generación. Haced la prueba.



22 Oct 2009

Rimas y ripios

¿Les gusta a los niños la poesía? A pesar de las consolas y las películas con onomatopeyas en lugar de diálogos, la respuesta es, sin duda, sí. De hecho, están más preparados para la poesía que muchos
adultos. Aún tienen frescas las canciones pegadizas de la primera infancia y su cerebro está aprendiendo a jugar con el lenguaje. Disfrutan de su facilidad para aprender versos (rimar los relatos es el primer truco mnemotécnico de la civilización), del ritmo, que comprenden desde muy pequeños, y de la repetición de historias pegadizas.

Pero, naturalmente, no se les puede ofrecer cualquier cosa. Si no les hacemos leer a Cervantes en prosa, ¿por qué empeñarnos en que les guste Miguel Hernández? Obviamente, no entenderán las complicadas referencias mitológicas de Góngora ni los sentimientos especialmente adultos. Pero disfrutarán de un "cuento rimado" en cualquier momento... y más si el adulto que lo lee es capaz de imprimir cierta animación al texto. Sí, lo sentimos: hacer voces (y, a ser posible, el payaso) es obligatorio.

Lo primero que podemos hacer es recurrir a nuestra propia memoria. Todos recordamos con cariño ciertos poemas de nuestra infancia: la "Canción del pirata", de Espronceda, "El lagarto está llorando", de Lorca, "Las moscas" de Machado, "Margarita, está linda la mar", de Rubén Darío. Si nos gustaron, les gustarán. Y si nos entusiasmamos con los fragmentos que recordamos y tarareamos el resto, mejor que mejor.

Por otra parte, la poesía es un vehículo perfecto para el humor, un juguete que los pequeños empiezan a apreciar en torno a los cuatro años, y para las historias con cierto toque surrealista, que también les resultan irresistiblemente divertidas. Acaba de llegar a las librerías "El libro de los monicacos", de Michael Ende (Noguer), acompañado por la siguiente advertencia: "Toda persona mayor que lo lea deberá hacerlo acompañada por un niño": una visión divertida de la infancia de la mano de todo un experto: el autor de "La historia interminable".

Menos novedosos, pero igualmente divertidos, son estos otros dos volúmenes. El clásico "Cuentos en verso para niños perversos" de Roald Dahl (Alfaguara) añade un matiz irreverente a los relatos de siempre y es disfrutable por niños y adultos; y "La melancólica muerte de chico ostra", de Tim Burton (Anagrama), perfectos para amantes de la poesía gótica del cineasta.


 




07 Oct 2009

De animales parlantes, versiones Disney y orígenes literarios

Se dice que las editoriales infantiles ya no quieren historias sobre animales parlantes. “Bueno, eso depende de lo que tengan que decir”, los defendió un famoso editor hace unos años. Y, rubricando esta opinón, uno de los grandes clásicos en este género está a punto de vivir una nueva aventura.

Se trata de Winnie The Pooh. No fui de pequeña una gran fan de estos libros. De hecho, ni siquiera sé si estaban publicados en castellano cuando yo era pequeña (ahora pueden encontrarse en la editorial Valdemar, con su nombre original pre-Disney: Winny the Puh). Sin embargo, siempre me ha hecho mucha gracia la historia de su origen. El autor, el británico AA. Milne, se basó en los cuentos que le contaba a su hijo, Christopher Robin, sobre las aventuras de sus animales de peluche en el bosque cercano a su casa. Las historias fueron tomando cuerpo hasta que intervino el ilustrador E.H. Shepard y el imposible ecosistema de felpa pasó a protagonizar dos libros de cuentos: “Winny de Puh” y “El rincón de Puh”, publicados en 1925. Los muñecos también protagonizan algunas de las rimas de “When we were very young”, un libro muy poco conocido en España que podemos ver, curiosamente, en “Poli de guardería”, leído por el mismísimo Arnold Schwarzenegger .

Luego llegó la versión Disney de los relatos, popularizando aún mas a Winnie (y complicando enormemente la discusión sobre los derechos de los personajes). Y ahora, los fans del osito amante de la miel pueden volver a disfrutar de nuevas aventuras literarias de toda la panda gracias a un nuevo escritor, David Benedictus, y a un nuevo ilustrador, Mark Burgess. El resultado, “Regreso al bosque de los cien acres” (también en Valdemar) ya está en librerías, con nuevo personaje incluido: la nutria Lottie.

Y ya que hablamos de un personaje literario popularizado por su versión audiovisual (una constante en los relatos infantiles, por otra parte), querría mencionar a otro animalito parlante: la abeja Maya. Mientras preparaba este post, supe que va a tener nueva serie de televisión, en 3D y recordé que, en su caso, también hubo páginas antes que píxels. “Maya, la abeja” se publicó en Alemania en 1912. Su autor, Waldemar Bonsels, lo escribió como una especie de fábula, en la que Maya descubre, después de escaparse de su colmena para vivir aventuras y descubrir a los misteriosos seres humanos, que su corazón sigue siendo leal a su raza. Por lo visto, había cierta intención política, nacionalista y filosófica en el relato, pero, por suerte, los niños son inmunes a estas lecturas aviesas. En España hay varias ediciones de esta novela. Tal vez la más fácil de encontrar sea “Las aventuras de la abeja Maya”, de la editorial Juventud.

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Recomendaciones literarias para niños y adolescentes, consejos para padres y reflexiones sobre libros infantiles y juveniles

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