Hablamos J. y yo como las dos grandes damas de la cultura en las que
nos hemos convertido (él como prestigioso productor teatral, servidora
como impostora aún no descubierta) y comentamos las últimas actividades
culturales a las que hemos asistido para dar brillo y lustre con
nuestra presencia. Después de repasar instalaciones y exposiciones
varias (muy, muy chulo el taller de cine en 16 mm. con el que han comenzado las actividades del Imagina
de este año) convenimos que nuestra próxima performance consistirá en
grabar la cara que pone la gente que asiste a estas cosas cuando, en
medio de una sesuda conversación sobre el land art, yo me desmarco con un: "¿Habéis votado a Karmele en Eurovisión?". Eso sí que es provocador. Y punki.
Por edad y por actitud Karmele es una suerte de Vivienne Westwood
(aunque a mí me gustan más los modelazos de Karmele que los de la
inglesa). Karmele revive el punk más salvaje, que reivindicaba que
cualquiera podía subirse a un escenario sin que le hiciera falta saber
cantar ni tocar instrumento alguno. "Yo tengo mucho arte",
dice Karmelita en su defensa, apoyada en aquella vieja frase
promocional de Lola Flores: "Ni canta, ni baila, ni falta que le hace".
Pero a Karmele sí que le hace falta. Y si al final sale en Interviú
(eso sí que es una amenaza que tendría que ponernos los pelos de
punta), le va a dar a la revista un aire de fanzine alternativo que pa
qué.
Porque ¿hay algo más rompedor que el programa que le dedicaron a Pop Star Queen
tras ser rechazada su candidatura por Televisión Española? Una luz
blanca alumbrando su silla vacía, música de réquiem de fondo, imágenes
de la ¿finada? llorando, sobreimpresionados del tipo "el doctor ha
recomendado a Karmele que haga reposo". "¡Si me creía que se había muerto Madonna!", dice Toñi Salazar mientras reivindica que sólo los artistas "de verdad" pueden ir a Eurovisión (hombre, si La caña de España
es una canción de verdad que venga Dios y lo vea). Hasta Jorge Javier
Vázquez tuvo que salir un momento del plató porque le estaba entrando
la risa; aguantándosela (la risa) pronuncia la frase de la temporada: "Ha muerto Karmele. Nace el mito".
Y, por la noche (pasándose por la peineta las recomendaciones del
médico y poniendo en juego su salud) Karmele, con la voz rota por el
dolor, empezó su manifiesto con un "Yo acuso". Ni Animalario, ni
Calixto Bieito ni ná de ná. Auténtico teatro alternativo a la hora de
la siesta.
Pero no hace falta que haya una buena excusa para que "Sálvame" sea
cualquier día de la semana mucho más trasgresor que una actividad del PAC (el
Proyecto de arte Contemporáneo de Murcia). "Sálvame" sí es un "Dominó
caníbal" real por motivos obvios. Y el día que aparece Marujita con sus
coca-colas aliñadas y su nariz de payaso ya es el colmo del moderneo.
Por ello no sólo apoyo la candidatura de Karmele a Eurovisión, sino que
propongo
a Belén Esteban como comisaria del PAC del año que viene. No me digan que no habría:
-a) lleno absoluto
-b) provocación sin límites cuando dijera "Pues esta cacarrura la hace mejor mi Andreíta, asín de claro. ¿Vale o no vale?". Y si trae como ponente a Kiko Hernández contando su visita al Louvre ("he visto la Venus de NILO" comenta), a Cuauhtémoc Medina le da un parraque.
Como siempre, todo lo que a mí me gustaría escribir sobre Karmele y Eurovisión lo ha hecho antes y mejor Rosa Belmonte, así que léanlo. No sé si Rosa aspirará con los años a convertirse en una vieja dama indigna, como titula Esther Tusquets
la segunda parte de su biografía (las viejas damas indignas son
aquellas que hacen lo que quieren y dicen lo que piensan, según
Tusquets), pero yo sí. Karmele es una vieja dama pero, aunque parezca
lo contrario, no es indigna, ya con todo este mogollón que ha montado
tras su descalificación demuestra que se toma demasiado en serio. Y las
maduras damas que aspiramos a ser viejas indignas tenemos que reírnos
mucho de nosotras mismas. En eso estoy yo. A ver si lo consigo.
¡Qué buenos son los de Cuatro! Para empezar el año con buen pie van y nos cascan 3 reportajes seguidicos de ricos, riquísimos, a saber: primero, La Moraleja, después Samantha Villar viviendo 21 días como una millonaria y, para terminar, más lujo. Decididamente es mejor comenzar el 2010 viendo mansiones que con un reportaje sobre los protagonistas habituales de "Callejeros": indigentes celebrando la Nochevieja con Don Simón en tetra brik y chabolos donde las luces de Navidad las encienden robando la luz de los postes de electricidad sólo conducen a pensar que este año va a ser tan cutre como el anterior. Y hay que animarse.
Pero por primera vez en mi vida no he sentido envidia de los ricos, porque gracias a "Callejeros" hemos descubierto que los de La Moraleja (¿cuál será el gentilicio de los habitantes de La Moraleja? ¿moralejeros? ¿pijolienses?) también se aburren -tan ricamente, claro-. Sus días son una vorágine de desayunos, gimnasio, compras, aperitivos y más compras. Lo que se llama una vida al límite, vamos, repleta de actividades tan electrizantes como preparar El Rastrillo.
La que sí se lo pasó bomba fue Samantha Villar. Lo único que le sobra a los reportajes de Samantha son sus reflexiones ante la cámara comentando obviedades del tipo que lo más alucinante de ser rico es que pueden tener lo que quieran y en el momento que quieran (eso ya lo sabíamos, chata), pero al colocarse encima 2.000.000 de euros en joyas le brillaron más los ojos que cuando se pasó 21 días fumando canutos. O cuando se puso el Dior para ir al desfile de John Galliano ("¡Voy a conocer a Galliano! ¡Voy a conocer a Galliano!", repetía como un mantra). Estoy segura de que no se enganchó a los porros pero sí a la buena vida: el dinero es la más rápida de las drogas. Aunque ya puestos, y para ver hasta qué punto el brillo de los diamantes puede doblegar el alma humana, el reportaje tendrían que habérselo encargado a Cristina Almeida: imagínensela vestida de Versace recitándole pasajes de El capital a la Lomana mientras pasean por la Rue Royale. Eso sí sería una nueva forma de reporterismo: María Antonia Iglesias cubriendo los viajes del Papa o Federico Jiménez Losantos retransmitiendo los Goya. Lo petan en Cuatro.
Preparan a Samantha antes de iniciar su aventura millonaria eligiendo vestuario ad hoc para la ocasión, y el estilista le comenta que lo primero que harán los ricos es mirarla de arriba abajo, buscando algo que les indique que pertenece a su tribu (un relojín de Chopard, un bolsito de Gucci, unos Manolos, nada, tonterías). Cierto: recuerdo que hace muchos años fui a casa de un compañero de facultad perteneciente a una de esas familias murcianas que Rosa Belmonte retrataba tan bien en sus crónicas de la Feria de Murcia (con Ilu Vera Meseguer y Paqui Chelo Cano a la cabeza, representantas del glamour huertano). Me abrió la puerta la madre del susodicho y me hizo un escáner que ríanse ustedes del que quieren implantar en los aeropuertos. Tras asegurarse de que a pesar de mi aspecto no llevaba una bomba bajo la suela de mis Kickers y que lo único que quería eran unos apuntes de Derecho Civil, llamó a su primogénito y heredero para que me atendiera pero, excuso decirlo, no me dejó pasar de la puerta. Es lo que tienen los moralejienses (para ser moralejiense no hace falta vivir en Madrid, es una cuestión de pasta y de carácter), que protegen su territorio de cualquier intruso.
Moraleja de La Moraleja: si les toca la lotería del Niño, no se vayan a vivir allí. Salgan, entren, viajen, disfruten, vivan. No se entierren en vida con sus riquezas en ese nuevo Valle de los Reyes y se convierten en momias. Y si no saben qué hacer con su pasta, llámenme, que aunque servidora no pueda irse con ustedes a Formentera por motivos que ya conocen, tengo algunas ideas en la recámara.
P.D. 1: ¿Saben quién hace que se caguen por la pata abajo todos los diseñadores que hacen que se cague por la pata abajo Samantha Villar? Anna Wintour. No tiene desperdicio el documental VOGUE: el número de septiembre, donde la Wintour real, sin tantos aspavientos como Meryl Streep en El diablo viste de Prada, da mucho, pero que mucho más miedo. "¿Aún no está todo preparado?", y Gaultier se convierte en un niño tartamudeante pillado en falta. "¿Estas son todas las fotos que hay?", dice, y Mario Testino se queda blanco. A la Wintour no le hace falta gritar, sólo con mirar de reojo por debajo de su flequillo hace que tiemblen los cimientos del imperio de la moda. Parece que haga un esfuerzo inconmensurable para no sacar una sierra mecánica y decapitar a asistentes, fotógrafos y diseñadores. Es esa calma monosilábica y gutural ("no", "no", "no", "hum") con la que manda a hacer puñetas el 90% de los trabajos que le presentan la que hace que Hannibal Lecter a su lado parezca un boy scout.
P.D. 2: Sí, vi las campanadas con Belén Esteban. La duda ofende.
Comidas de Navidad con los compañeros: las chiquillas se ponen falda y zapatos de tacón -corte salón las administrativas, abotinados las de comercial- y la tarde antes van a la peluquería (todas llevan las melenas planchadas, sin excepción). Look de sábado noche trasladado a un martes al mediodía para que los de contabilidad vean lo monas que son. Los jefes se tiran el rollo de "fuera de la oficina soy un tío estupendo" mientras el resto espera que se agarre una buena moña para entrar con la artillería. Los de informática, como siempre, no se relacionan con nadie. Claro, eso si usted trabaja en un sitio normal, y no en Porcelanosa: en ese caso le prepararán una cena maravillosa en casa de Isabel Preysler e invitarán a Patrick Dempsey (el Dr. Macizo, conocido por su afición a pintar azulejos a mano entre temporada y temporada de Anatomía de Grey ), Andrés Velencoso (que trabaja de yesaire a media jornada) y a Fran Rivera, cuya profesión no le impide sacar tiempo para serigrafiar baldosas. Ah, ¿que usted trabaja en Porcelanosa poniendo pavimentos y no le han invitado? Pues ya es raro, ya.
Pero les aseguro que Porcelanosa está en crisis y, al igual que Freixenet (que ahorra este año repitiendo anuncio), recorta presupuesto pasando de organizar la cena en la casa del Príncipe de Gales, con Nicole Kidman y Cayetano Rivera (que digo yo que si cada año Porcelanosa invita a uno de los Rivera ¡el año que viene toca Paquirrín!) a hacerla en casa de Isabel. Si no están ya hinchados con tanta cena pueden hacer una comparativa leyendo el artículo del año pasado, mucho más rico y barroco gracias a párrafos del tipo "Isabel y sus dos hijas protagonizaron un instante mágico cuando, al atravesar el salón del Ritz para dirigirse a la cena con el príncipe Carlos, todas las miradas se centraron en ellas; parecía incluso que la música había cesado". Estas Navidades la crisis ha llegado hasta los mismísimos redactores, porque la poesía del reportaje se reduce a poco más que "La reunión se aventuraba excepcional, y a fe que lo fue".
Isabel posa "bella y sonriente". A Isabel siempre le ponen dos adjetivos, a saber: "serena y feliz", "guapa y elegante", "espléndida y atractiva". A mí me pondrían "atacá y ojerosa", que es mi estado habitual. Y se reúnen en torno a la mesa mamá, Anita, Tamara (¡mi Tamara!), Velencoso, el macizo, Fran y su nueva novia, Julio José y su antigua novia... ¿Y Miguel? ¿Qué le estará pasando al probe Migué, que hace musho tiempo que no sale? Creo que cuando llegan las hordas rosas, el probe Migué se pone una gorra de pana y se marcha al hogar del pensionista a jugar al julepe.
El marco se lo imaginan perfectamente, ¿no? Una decoración rompedora y moderna, como Isabel. La mesa está tan llenica de cristal Baccarat, plata, velas y acebo que ahí no te cabe ni la bandeja con la ensaladilla, ni los langostinos congelaos ni ná de ná. "Hija, es que a ellos le sirven en platos individuales", me recuerdan. Ay, a veces se me olvida de lo que es tener un buen servicio, tan bueno que te avisan hasta cuando hablan de ti (es como las alertas del Google con gorra de plato): Carmen Lomana cuenta que Wilson, su chófer, veía la televisión en el coche mientras esperaba a que ella terminara sus compras en El Corte Inglés de Serrano; vio que hablaban de ella y la llamó para decírselo. "Señora, que están hablando de usted". Qué maravilla. Y la chica que trabaja en mi casa llamándome de tú. Así no subo yo de clase social. A partir de mañana, cofia y uniforme.
Y ahora que lo pienso: ¿se imaginan que hubieran rodado el anuncio del Volkswagen Scirocco en casa de Isabel?: "Por favor, Fran, ¿te importaría pasarme el soufflé?" Feliz Navidad.
Volvemos a casa por Navidad: servidora, recién llegada de un festival (si Karmele tiene el de Eurovisión, yo también tengo el mío) y Belén Esteban reoperada. No se quejarán, ¿eh?. Ni El Almendro trae a tanta gente. Mi vuelta a la vida civil va acompañada por una visita al kiosko (y cito por orden de compra): "Dame el SEMANA y enséñame la portada del ¡HOLA!, Oh, Naty. Me lo llevo también". La kioskera me mira como un leopardo a su presa: "¿No has visto a la Belén Esteban en el LECTURAS?". Y claro, caigo igual que si a Cristiano Ronaldo le pones delante a una miss, aunque sea Miss Los Belones.
Subo las escaleras corriendo con el LECTURAS en la mano, sólo me falta gritar "¡EXTRA!, ¡EXTRA!". ¡Qué alegría, qué alboroto! Pensaba que tendría que esperar hasta esta noche para ver la nueva máscara de Nefertiti, pero no; olvidaba que el contubernio Jorge Javier- Sálvame- Lecturas puede proporcionar ingresos extras, aunque hoy a las diez no me saca de mi casa ni el mismísimo John Cusack proponiéndome una fiesta de pijamas con Ewan McGregor y Jude Law.
Y ahora toca el examen morfológico (el sintáctico ya lo haremos esta noche cuando abra la boca -retocada-): bolsas de ojos, nariz y mentón, y unos "pequeños retoques para armonizar el triángulo de la belleza". ¿Pequeños retoques? ¡Si con lo que le han hecho tiran por tierra las teorías anatomofisiológicas de Lombroso! Tendré que ampliar las fotos del antes y el después y empapelarme la casa con ellas para apreciar el trabajo de marquetería. Pero si ustedes piensa que yo soy una desocupada por dedicarme a buscar las 7 diferencias, no se pierdan los montajes sobre la nueva cara de la Esteban que han invadido la red. Me alegra ver que no estoy sola.
LECTURAS también nos trae una entrevista con el cirujano plástico artífice del cambio. Sinceramente, yo creía que los únicos con arrestos para enfrentarse a esta operación eran McNamara y Troy, pero no, el nuevo héroe que opera por el pueblo y para el pueblo es un doctor catalán que dice que ahora su teléfono suena mucho más, aunque deduzco que después de esto habrá tenido que tachar de su agenda a todas las Cuquis, Covadongas y Mencías y sustituirlas por Vanessas, Jennifers y Lolis. Pero me parece muy bien, porque todas la que no tenemos apellido compuesto con un guión en medio también tenemos derecho a una nariz digna. Es una simple cuestión de democratización plástica, porque "si la Tierra sólo pertenece al viento", el ácido hialurónico es de todas, amigas.
Belén afirma que se ha aburrido tanto en el postoperatorio que tanto que ha empezado a leer. Aquí lo tiene, ministra: el secreto para convertir en un éxito el Plan de Fomento para la Lectura. Una rinoplastia te da para leer "Madame Bovary" y quedarte traspuesta como la Gemio, una liposucción te permite ponerte al día con el último de la trilogía de Larsson. Y con lo que le han hecho a la Esteban puedes cepillarte los "Episodios Nacionales" de un tirón. Menos la blefaroplastia, el resto de las operaciones de estética deberían ser subvencionadas por Cultura. Y todos tan guapos y tan leídos.
Por cierto, yo he vuelto sin operarme. Pero no se preocupen, que todo se andará.
Comemos en el Moncho con Miguel P., el crítico gastronómico, y tras dos orujos me habla sobre la muerte y la intrascendencia (ya les he dicho que se había tomado dos orujos). Me quedo de una pieza, porque en mi egocentrismo ombliguero siempre creo que soy la única a la que se le ocurren esas cosas. Y ahora, a pocos días de cumplir los 40 (sí, ya sé que estoy monísima y que parece increíble, pero los voy a cumplir) me entra el canguele. Reconozcámoslo: ya no llego a ninguna parte viva. Después de los 40 sólo conozco a alguien que haya triunfado, y Chiquito de la Calzada no me parece un ejemplo a seguir debido a mi conocida incapacidad para contar chistes. Por lo tanto sólo me queda un camino: pasar de ser una viva intrascendente a una muerta relevante.
Así que aquí van mis notas acerca de cómo ser famosa después de palmarla.
- Una necrológica firmada por Pérez Reverte. Yo la dejo escrita, don Arturo, no se preocupe: usted sólo tiene que poner la firma, que entre los ex-alumnos de Maristas tenemos que ayudarnos. Yo si quiere le escribo la suya por si usted muere antes que servidora en un duelo con Biscarrat o cualquier otro esbirro del cardenal, y quedamos en paz.
- Una esquela en El País 4x5 módulos en la edición nacional, para que todo el mundo se pregunte quién será esa tía a la que le han puesto ese pedazo de esquela (lo dejo pagado, no se preocupen). En los periódicos locales exijo portada como mínimo.
- Flores, muchas flores.
- Quiero que me entierren, no que me incineren, que luego a saber donde acabo con el despiste que nos gastamos por aquí (recuerden lo de las cenizas de la madre de Robert de Niro en Los padres de ella).
- No me cierren el blog, por favor. Que lo herede algún otro desocupao con mala follá.
- Que me nombren en "Sálvame". Miren ustedes (y esto no es discutible): si Jorge Javier no te cita, no eres nadie. Y que monten un video con música fúnebre donde hagan referencia al romance secreto que mantuve con John Cusack (¡que me demande si quiere!). Y cuando salgan imágenes mías se oiga un "uy, uy, uy, uy" tomatero dicho en tono necrofílico. Y muchos mensajes de condolencia al 7705 (estos los pagan ustedes).
- Dejaré preparado un vestido de Jesús del Pozo para el funeral, rollo "ninfa yacente" (digo yo que el último día de mi vida tendré que estrenar algo, ¿no?) o de Josep Font, de su línea "Blancanieves traspuesta tras comer la manzana", que también vale.
- Si me muero en verano, quiero ser embalsamada y conservada hasta invierno, porque ya lo dice Josemi: un entierro en verano es un horror, con esos vestidos veraniegos de tirantes y de colores alegres en lugar de los preceptivos petite robe noire de manga al codo. Elijan un día tan lluvioso como el del funeral de Ava Gardner en La condesa descalza. Para el tema de la conservación de servidora hasta la bajada de los termómetros contacten con Naty Abascal o con Carmen Lomana, que ya se ocupan ellas de llamar a Maribel Yébenes. El doctor Zelicovich que ni se acerque.
- El tema ¡HOLA!: ya saben que fui defenestrada por la citada revista, así que desde aquí le pido a Hong Kong Blues que interceda por mí ante los Sánchez Junco. Sé que no conseguiré la foto grande de portada (seguro que Isabel Preysler todavía está viva para entonces), pero sí quiero ventanita con titular tipo "Emotiva despedida".
- Y algo muy importante: en el momento previo al óbito, cuando esté con una pata aquí y otra allí estilo Ana Obregón en la barra de striptease, mándenme un cura. Una es agnóstica pero precavida.
Y a todo esto: ¿creen de verdad que me preocupan los 40? No, en absoluto. Me preocupa mucho más no cumplirlos. Verán, todo lo que se me tenía que caer se me cayó hace ya muchos años, y la lucha contra la celulitis ya se imaginan quién la ganó, así que llego intrascendente y anónima, celulítica y rodillera, aturdida y confusa, de acuerdo, pero llego. Bueno, eso espero: sólo tengo que sobrevivir hasta el 3 de noviembre. Están invitados.
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