LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Jueves, 03/07/2008
LO FÁCIL DE HACER PEQUEÑOS SUEÑOS REALIDAD
Hace doce años, cuando aprobamos la selectividad, los padres de mi amiga Cárol nos llevaron a Salamanca a pasar un fin de semana. Éramos unas niñas de dieciocho años que llevaban ya tiempo soñando con ese momento, porque teníamos allí un grupo de amigos a los que queríamos ir a ver. Fue fantástico, como todo lo es a los dieciocho años y allí los encontramos, nos enseñaron su ciudad que nos pareció mágica y en mitad de la noche nos escapamos del hotel, sigilosas –qué hermoso recordar cómo salimos de puntillas de la habitación, conteniendo la risa, descalzas por la moqueta del pasillo, porque nos esperaban abajo nuestros amigos…- Pasamos toda la noche por las calles de Salamanca, sentadas en la plaza de la Catedral, hablando y riendo hasta las tantas….
Este fin de semana Cárol y yo, esta vez solas y en mi Meriva vamos a repetir ese viaje. Como las dos estamos como una cabra, hemos decidido que nos vamos el viernes y volveremos el domingo, pero que queremos ir al mismo hotel en el que estuvimos y dicho y hecho, nada se pone en el camino. Seguramente no veremos a ninguno de nuestros amigos… Igual que nosotras ahora somos profesoras de secundaria, ellos son o serán –de algunos no sé que fue- médicos o abogados. Supongo que en todos estos años les habrán sucedido un millón de cosas, como a nosotras.
Pero… yo estoy haciendo la maleta y a mí me parece que no hayan pasado los años. Evidentemente las cosas han cambiado. He reservado ese mismo hotel del que escapamos por Internet metiendo mi Visa sin reparos y si nos da la gana no usarlo no tendremos que darle cuentas a nadie de si dormimos o nos pasamos la noche de marcha bailando como locas.
Por mi cumpleaños, una vez más, Cárol lo propuso. ¿Te gustaría que mi regalo por los treinta años fuera una cena en la Plaza Mayor? Dicho y hecho... a mí no se me pueden hacer propuestas porque no dejo pasar ni una...
Hace doce años… pero yo siento como si no hubiera pasado el tiempo y Cárol y yo, aunque hayamos cambiado, somos las mismas jovencitas, ilusionadas, que tienen las mismas ganas. A la vuelta os contaré si de verdad hemos cambiado… Llevamos doce años diciendo, cada vez que recordamos anécdotas de ese viaje, “ay, a ver cuando volvemos…” Cada día me resulta más bello y más sencillo hacer los sueños realidad. Tachaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaán…
Mi ciudad vive inmersa en la vorágine “EXPO ZARAGOZA 2008” y todo el mundo, a estas alturas, ya se ha sumergido en el acuario fluvial más grande del mundo, ha paseado por el Pabellón Puente y se ha subido a la Torre del Agua. Yo no. Lo siento, y de momento no pienso hacerlo. A las mentes pensantes sabias no se les ocurrió pensar que Zaragoza es una sartén en verano, que alcanzamos tranquilísimamente los 40º cualquier tarde y que aquí no corre un pelito de aire –cierzo, le llamamos- a no ser que vaya a caernos encima un tormentón, rápido y veloz.
Los periódicos locales no hablan de otra cosa y, los nacionales, parecen haberse enterado ahora de lo que se cuece en la ciudad. Yo llevo sufriendo la Expo ya desde hace años, desde que la ciudad está levantada por las obras, las autovías “parecían” multiplicarse y los precios de los bares subían como la espuma. No me quejo, me gusta el progreso pero viendo la experiencia de Sevilla me temo que sacaremos poco de esta experiencia aunque por mi parte, tener autovía a Teruel ya me parece más que suficiente, después de los kilómetros que hice por carreteras de mala muerte cuando empecé a recorrer los institutos de mi comunidad.
El alcalde nos ha pedido a los zaragozanos que no vayamos el fin de semana, que lo dejemos a los forasteros. Dicho y hecho, iremos entre semana, es más, si mis amigos de fuera (Celia, Vero, Mar, Mattia… ya sabéis que os espero…) no se deciden a venir, no iré a verla hasta septiembre. Pero mi caso es aparte, claro, porque yo a lo mío, a mi examen que aún no ha terminado y no tuve tiempo de ver a Letizia ni a nadie paseándose por el recinto. Os prometo que no tengo ni idea de cómo van las cosas pero esa es una cuestión muy personal. Sé que gente que conozco tiene pases nocturnos y que se van allí a pasar la tarde-noche a ver el espectáculo del Iceberg y los fuegos artificiales. Que lo pasen bien.
La gente se queja de que no hay sombras, de que un botellín de agua cuesta casi tres euros y que la comida de los restaurantes rápidos es vomitiva. No sé qué espera la gente, de verdad. No sé si todos esos paletos han estado alguna vez en Port Aventura y les han cobrado 4 por una cazoleta de palomitas, por poner un ejemplo, si en Sevilla o en la Space Mountain de Eurodisney no hicieron varias horas de fila. Eso es un parque temático, una expo y todas esas mandangas. Pero no, resulta que los aragoneses, como somos idiotas, teníamos que regalarlo. Pues mira, no, paga. Si quieres y si te da la gana y si no quieres pasar calor, haces como yo, te quedas en tu casa.
“No es justo que no tengamos beneficios los zaragozanos”, “nadie ha pensado que venimos con niños”… Paletos, palurdos, pazguaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaatos... ¡Pero bueno, señores, váyanse ustedes por donde han venido! Por una vez que “nos aprovechamos”, que no vamos con cara de Paco Martínez Soria por el mundo (con cesta de huevos y gallina saliente incluida)… ¿nos tienen que sacar los colores? Pague usted el hotel a lo que le pida la demanda y si no, lo dicho, quédese en su casa.
Mira que es feo el monigote... pero yo ya hasta le estoy tomando cariño...
PS: 16:45 de la tarde.... Esto es una premonición... me llaman de la perfumería del barrio esta mañana y me dicen que ME HA TOCADO GRAAAAAAAAAAAAATIS UNA ENTRADA PARA LA EXPO...JAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJAJA!!!!!!! NO LO PUEDO CREER....!!!!! SI YA DECÍA YO QUE ME LA IBAN A REGALAR CORTANDO LAS ESQUINITAS DE "EL HERALDO"...JAJAJAJAJJAAJJAJAJAJA
La gente cree que bromeo cuando digo la pena infinita que me causan los finales de curso. No imagináis que honda tristeza me llena y a la vez me vacía porque cuando las cosas se acaban suelen dejarnos un poco extasiados, como extrañados. Parece que, pese a que siempre seamos conscientes de que todo tiene un principio y un final, cuando se pone un broche, un punto y aparte a una etapa de la vida nos sorprendiera el desenlace de cualquier acontecimiento. Dicen también que empezar es difícil, que todos los comienzos son complicados pero a mí me desagrada más que algo termine que algo que empieza, sea bueno o malo. Supongo que es mi capacidad de sacar el lado positivo incluso a aquello que no lo tiene.
Hoy estoy triste no solo porque me he despedido de compañeros-amigos a los que aprecio que seguramente no se cruzarán de nuevo en mi camino laboral sino por otros motivos que no vienen al caso pero no tengo muchas ganas de sonreír. Por otro lado, esos mismos motivos, me invitan a pensar que cada día es único e irrepetible y que no vale en absoluto pensar en el futuro y ni siquiera vale la pena hacerlo en el mañana. La vida ha de vivirse hoy, ahora, en este momento y otorgar una sonrisa, una palabra, un beso, un te quiero a cada instante que sea necesario. No vale dejarlo para mañana, no vale que tenga que presuponer que me quieres o que me aprecias: quiero saberlo. Quiero saberlo porque imagina que mañana, por hace o por be, no nos vemos; imagina por un segundo que desaparezco, que el destino nos separa para siempre y nunca me dijiste cuánto me querías.
Con estos pensamientos y con el maletero del coche lleno de cuadernos y libros de texto que ordenar hasta septiembre, incluyendo sentimientos, formas de vida –porque dos meses por delante de vacaciones, además de eternos, te hacen temporalmente vivir una vida que no te pertenece. Y pensaréis que no me los merezco, que soy una cretina integral, la verdad, pero soy como los niños, que a mitad de agosto, cuando ya me levantado a las 11 de la mañana varias semanas, ido y vuelto de viaje, leído todo lo legible y habiendo hecho centenares de kilómetros, quiero volver al cole. Y como no tengo “cole” fijo, eso duele, porque también soy esa niña a la que cambian de colegio cada año y tiene que llegar y hacerse su sitio. En mi instituto durante dos años -porque hoy por hoy lo es, el del pueblo, donde tengo buenos amigos esta mañana yo sentía un poco de angustia. He devuelto mis llaves al conserje, pidiéndole que no le quitara mi llaverito de cintitas rosas, como hice hace un año este mismo día, porque es mío y quiero seguir teniéndolo. Pero nada será igual, la verdad, aunque vuelva, porque la vida es un sistema y el movimiento de cualquier pieza altera irrevocablemente el resto de factores. Y en el sistema de Redonna las piezas se mueven, se ordenan y desordenan muy deprisa, juegan a la lotería y se dan de bofetadas unas a las otras o se aferran entre ellas como locas.
No quiero que te vayas dolor, última forma de amar. Me estoy sintiendo vivir cuando me dueles…
Sostiene mi madre que los jóvenes de hoy –se refiere a los treintañeros y cuarentañeros- somos muy infelices. Mi madre es Catedrática Cum Laude de la Vida, por la Universidad de la Experiencia, Doctora Honoris Causa en Amor incondicional a su familia y posee varios Master en Cómo saber hacerlo todo y Cómo tener –casi- siempre la razón por las Facultades del Esfuerzo y la Entrega gratuita.
La tesis principal de mi madre para argumentar su teoría sobre la infelicidad actual, el constante desear hacer lo que nos viene en gana, el inconformismo ante tenerlo todo y desear aún más es que vivimos una época de individualismo absoluto, una época en la que todo es posible y puede hacerse en todo momento y en todo lugar tu santísima voluntad. Eso es, precisamente, lo que nos hace ser infelices, que los jóvenes vivamos sólo pendientes de nuestros trabajos, de las mechas de nuestras melenas, de los coches que conducimos y de sacar un buen cava a la mesa.
Mamá, le dije ayer, eso no es actual, se llama “el constante desear” puesto que somos seres volutivos, en constante necesidad de “alcanzar” y lo dijo Schopenhauer; el ser humano, desde las cavernas se pregunta cuál es el motivo de su existencia, busca y busca constantemente motivos para ser infeliz. A mayor inteligencia y a mayor sensibilidad, mayores son tus deseos de buscar y alcanzar….Te me estás haciendo muy mayor, madre, y no sólo porque ya te niegues a leer ediciones de bolsillo arguyendo que tienen la letra demasiado pequeña… Sócrates, en el siglo V antes de Cristo decía que <<Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros>> No podemos pasarnos la vida pensando que “cualquier tiempo pasado fue mejor” porque entonces estamos dando por hecho que nuestra sociedad o momento pasado fue mejor que el siguiente.
Ay, hija, cuánto sabes, me respondió. Pero ignoras más, continuó.
Mi madre siempre escucha atenta mis argumentaciones, la veo orgullosa cuando le cito filósofos cuyo nombre desconoce –aunque no es de esas madres cretinas que alardean de hija profe, todo lo contrario, jamás la he escuchado en público alabarme y su constante exigencia hacia mí es la que ha hecho que hoy yo sea una mujer exigente conmigo misma y sea exactamente como soy… no me quejo en absoluto porque ese es uno de los legados más valiosos que me dejará para siempre. Con el paso de los años he descubierto que siempre tiene razón, aunque yo no comparta sus posturas y sea imposible que alcancemos consenso en la mayoría de las cosas. Es capaz de debatir hasta cansarte y vencerte en cualquier batallada dialéctica que emprendamos. Pero… no creo que seamos infelices, la verdad. Sencillamente, sí, tiene razón, vivimos en una sociedad individualista, egoísta y perfeccionista donde todo vale, en beneficio de mi “yo” y lo que “yo” quiero es dogma de fe. Creo que mi madre anda acertada pero porque ella conoce un modo de vida determinado que en absoluto es malo pero, en los últimos tiempos, los “modos de vida” se han multiplicado. Ya no existe un modo unívoco de vivir y no existe uno solo válido. Quizás, como con todo en esta vida, pasen los años y tenga que darle la razón. O no. Espero alcanzar su edad y poder contárselo.
El filósofo Fernando Savater, el escritor Mario Mario Vargas Llosa y el director de teatro Albert Boadella, entre otros intelectuales, han pedido este lunes que se modifique la Constitución para dejar claro el derecho de todos los españoles a estudiar o usar el castellano en todo el territorio nacional. En concreto, el manifiesto plantea que se efectúen los cambios legales necesarios para que ningún idioma autonómico sea "lengua vehicular exclusiva" en la educación, sino que también pueda elegirse el castellano.
Me sorprende esta noticia publicada en www.periodistadigital.com porque, sencillamente, creo que ya era hora. Todo el mundo tiene derecho a usar su lengua madre: las primeras palabras que de ésta oíste mientras te mecía en sus brazos, esa es tu “lengua madre”. Por ese motivo a mí no me molesta en absoluto ir a Cataluña y que la gente en las tiendas me hable en su idioma, o que personas con ascendencia vasca se despidan con “agur” o utilicen su nombre de pila en el idioma de la madre que les parió. Me parece, es más, precioso. Pero yo reivindico también mi derecho, porque además soy una filo-loga de mi lengua, esto es, amante hasta la médula del idioma español, a poder, si un buen día me viene en gana, irme a vivir a Cataluña, al País Vasco o a la Isla de Ibiza y que mis hijos estudien en español. Supongo que, además, les resultará mucho más útil conocer una lengua que hablan millones de personas en el mundo, digo yo.
Me río un montón cuando la gente dice “castellano”. ¿Castellano? Castellano es el dialecto derivado del latín que se hablaba en algunas partes de la Península Ibérica y que hacia el siglo XII comenzó su evolución seria y literaria hacia el español, lengua o idioma con todas sus letras. Denominar “castellano” a nuestro idioma es tan absurdo como si dijéramos que en Francia hablan el “francio” o en Italia el “etrusco”. Pero resulta más correcto, claro. Os prometo que mientras frecuenté las universidades italianas jamás vi un sola cartel en el que a mí se me dijera que yo estudiaba "Letteratura castigliana"... ¿a que suena divertido? Pues resulta que yo, sí, enseño en los institutos "Lengua y literatura castellana" y no española... no me imagino yo a mis alumnos de 1º de la ESO leyendo el Libro del Caballero Zifar o El libro de la Ochava Esphera donde el rey Alfonso X invitaba a los hablantes del castellano del siglo XIII a unificar criterios. Me indigna un poco que la gente, hablando en español, utilice topónimos en otro idioma. Yo soy bilingüe, hablo italiano a la perfección y no se me ocurre largarle a nadie en mitad de una conversación que mi ciudad favorita se llama “Firenze” sino Florencia o que tengo muchas ganas de visitar “New York” o que en “Osterreich”, a los veinte años, me crucé el país en un tren nocturno para visitar “Wien”. Se trata solo de coherencia y si en Cataluña hablan catalán, no entiendo por qué en País Vasco hablan “euskera” y no vasco. Tampoco entiendo por qué en las noticias a veces dicen “provincia de Girona” pero nunca he oído decir “Iruña”. No entiendo esta mezcla de criterios cuya única solución es que se hable, sencillamente, español.
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...