¡No caigas jamás en sus redes! Tuve un noviete estilo contable hace ya tiempo. Le conocí por medio de Internet (dada mi timidez compulsiva, que aparece en los momentos más inoportunos, es el mejor medio para mí, por lo menos hablo en lugar de balbucear).
Al principio me hacía gracia por las caídas que tenía, pero luego me di cuenta de que me llevaba la cuenta de todo. TODO.
No es que empezara a contar cerillas al estilo Rainman, pero casi.
El primer toque fue que, en una ocasión, me queje en broma de que el email que me había enviado era muy corto.
Al siguiente, adjuntó una notita final a su correo: “Extensión total: 100 palabras + 2”. Se refería a que el mío ocupaba 100 palabras y el suyo tenía dos más.
Desde entonces, nunca faltaron esas notas de resumen de palabras en sus correos.
Creí que era broma. ¡PERO NO!
Luego, se entretuvo en contar los “hitos” de nuestra vida íntima. Me preguntaba cuántas veces me había corrido y creo que llevaba una estadística. Se alegraba mucho siempre que alguno de los dos conseguía una marca sexual personal. Le sugerí que podíamos apuntar en la pared con tinta rosa mis orgasmos y con tinta azul celeste los suyos, pero creo que no captó el sarcasmo (es más, temí que lo llevara a cabo).
Vislumbré claramente lo que sería mi vida en común con él cuando desglosó la cuenta de gastos de las vacaciones punto por punto y me hizo pagar a mí los cortados extra que me había tomado y algunas chorradas que había comprado como un par de cordones nuevos porque se me habían roto los que llevaba.
Hasta entonces, íbamos pagando del fondo común. Quizá me tenía que haber dado cuenta porque no hacía más que tomar notas en una libretita. ¡tonta de mí, pensé que tomaba apuntes sobre los paisajes o sobre sus impresiones!
También me tendría que haber dado cuenta de la controlada realidad cuando él iba anunciando en voz alta, cada nuevo gasto: “Uff, qué caro está todo, si seguimos así tendremos que volver a casa antes de lo previsto” o “Buff, fíjate, los bocadillos están un 14% más caros”.
Como soy medio autista, no le hice caso y seguí divirtiéndome y disfrutando de los increíbles paisajes, creo que sin hacerle demasiado caso.
Pero cuando me sacó la contabilidad de nuestras vacaciones con sus asientos y su debe y su haber y mi lista personal de gastos extra, me fui corriendo. Creo que le debí dejar calculando la velocidad a la que huía.
P.D. Los hombres contable tienen su encanto para las que les gusta que las controlen y les fiscalicen la vida y quieren que no haya sorpresas –aunque no hay emociones placenteras extra tampoco habrá nunca descubrimientos espeluznantes- y todo esté bien calculado y controlado.
Los hombres contable son el arquetipo de la Seguridad.
Si te gustan la Seguridad y la Estabilidad, ya lo sabes; yo seguiré corriendo....
P.D.2. Si no te gusta que todo esté controlado (especialmente tú), evita los hombres que tienen comportamientos o realizan comentarios similares a los aquí descritos. Créeme, los reconocerás porque son capaces de estropear con sus cálculos, sus estadísticas y su particular sentido de “la realidad” cualquier momento.