Me presento: Tengo 16 años y, como no tenía nada mejor que hacer este verano, me he decidido a abrir un blog.
Como todos los chicos y chicas de mi edad, estoy llena de hormonas, preocupaciones, miedos y, también, algo de sentido común. Un sentido común y racional que se asusta cuando lee en las revistas que estamos muy preocupados por los problemas alimenticios relacionados con la adolescencia, como bulimia y anorexia, y que, sin embargo, en los últimos números sólo hablan de preparar el cuerpo para el verano, de adelgazar, y de sentirse bien. pero mi pregunta es: ¿Cómo se va a sentir bien una adolescente, cuyo cuerpo no se parece en nada al de las modelos que aparecen en las fotografías, si lo único que lee respecto al verano es que hay que perder algo de peso para poder lucir cuerpo en la playa?
También me pregunto por qué estos reportajes solamente aparecen en las revistas en el verano, ya que pienso que si una persona debe cuidarse debe hacerlo durante todo el año, porque en dos o tres meses no va a conseguir ningún resultado, y en cuanto acabe el verano volverá a ser como antes: la mujer que de verdad es y no la que intenta aparentar.
Tampoco consigo entender quién va a gastar, por ejemplo, 610 € en un sérum antienvejecimiento, como proponen a veces. ¿Por qué tenemos tanto miedo a envejecer?, y, más importante, ¿Por qué los medios de comunicación, en lugar de promover a las personas tal y como somos, invierten cada vez más tiempo en forjar una imagen que nada corresponde a la realidad, en la que todo el mundo es delgado y guapo, y parecen haber bebido de la fuente de la eterna juventud? Deberíamos aceptar que nuestro cuerpo cambia, sin más, que vamos creciendo y que, al igual que perdemos los dientes de leche y aparecen los definitivos, dentro de la misma boca, y en el mismo lugar en el que estaban los anteriores, por mucho que nuestros rasgos físicos se modifiquen, seguimos siendo nosotros, y eso es lo que deberíamos preocuparnos de que no cambie.
Otro de los motivos que me indignan, y del que ya he escrito un poco anteriormente es que la mayor parte de los productos que aparecen en las revistas, ya sean de maquillaje, complementos o simplemente ropa, no son asequibles para la mayor parte de las personas que las leen. No imagino a ningún ama de casa de familia media, a las que últimamente casi les cuesta llegar a fin de mes con las subidas de precios, gastando la mitad del sueldo de su marido en una mascarilla especial para los rayos del sol que usa Nicole Kidman, un bolso de Channel que lleve Parish Hilton o un triquini de Tomas Burberry de la última colección de Cibeles.
Supongo que son "cosas de la edad" y que ya lo entenderé más adelante.
Hasta entonces seguiré estrujandome la sesera para encontrarle explicación.
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