Hoy que parece que tengo un poco de tiempo y ganas suficientes, voy a retomar la vieja buena costumbre de escribir en el blog. La verdad es que lo he tenido desatendido durante unas semanas… lo siento por mi y por los que lo leen.
Lo cierto es que, entre unas cosas y otras, últimamente tengo poco tiempo para mi y para las cosas que me gustan. Ya os comenté hace cosa de un mes. El trabajo, que últimamente es excesivo, y la multitud de responsabilidades con las que intento cargar a mis espaldas, ocupan casi todo mi tiempo y acabo tan cansado que cuando tengo un rato libre no tengo frescura suficiente, ni ganas, para escribir. Lo único que intento en esos momentos es descansar, relajar esta tensión que me invade, y que, ahora, de repente, se me acumula en las mandíbulas y en la boca, y hacer algo que, al menos durante un rato, me ayude a intentar olvidarme de los problemas. Por cierto, he visto unas cuantas películas en el cine y la única que os recomiendo es la de “Juntos, nada más”.
Tengo la impresión de que al final del día hago un montón de cosas que tengo que hacer, y muy pocas que realmente quiera hacer. Y los deberes nunca acaban, así que no veo el momento de descansar… y necesito hacerlo… físicamente y mentalmente.
Creo que necesito tomarme un respiro, hacer un paréntesis en esta vorágine que es mi vida en estos momentos, salir del remolino para coger fuerzas antes de volver a entrar en él a luchar contra los elementos.
Por ello, he decidido hacer un viaje. Pegarme un capricho. Ya os contaré más detalles del mismo en los próximos días. De momento estoy mirando Brasil, México, Cuba y Tailandia…
Periódicamente se publican o comentan noticias sobre famosas/os, políticas/os, artistas/”os” que se han estirado la piel, puesto pecho o quitado unas arrugas de encima. Observo con curiosidad que este tipo de noticias producen un morbo especial, no sólo en los comunicadores sino en el público en general, y que por algunos es considerado un tema tabú.
Recuerdo que la vez que lo noté de forma más exagerada fue hace unos meses en la fiesta de cumpleaños de mi prima Susana. Allí un montón de chicas hablaban de forma entre despectiva y burlona de alguien que se había hecho algún retoque de cirugía estética.
Mis opiniones al respecto extrañaron y levantaron cierta polémica.
Desde que con 17 años, una compañera del COU se operó el pecho me he ido encontrando con multitud de mujeres, y algún que otro hombre, que se han hecho algún que otro arreglito. Quizá por eso no me resulta tan extraño ni llamativo que alguien se opere de algo.
En aquella fiesta se me ocurrió decir que al menos un 30% de las mujeres que conozco o que te puedes encontrar en cualquier discoteca de mi ciudad un viernes o un sábado por la noche se han sometido a algún tipo de cirugía. Me dijeron que exageraba (quizá sea así, pero por poco), que ellas no conocían a nadie normal que se hubiese operado y que con menuda gentuza me juntaba yo.
He conocido hombres y mujeres que se han operado para juntarse las orejas a la cabeza, que se han hecho un lifting que les estire las arrugas del cuello o la cara, que se han levantado una ceja con hilo de oro para darle más expresividad a su cara, que han eliminado las bolsas de sus párpados o la papada, que dejaron que una rinoplastia modificase la forma de su nariz, que se han rellenado o tatuado los labios tratando de darles más volumen y presencia, que se han hecho un agujerito a lo Kirk Douglas en la barbilla, que se han puesto o quitado pecho, que se han implantado pelo, que se han hecho estilizantes liposucciones o que se han retocado el culo para tenerlo respingón y he de reconocer que, la mayoría, han quedado más guapos.
No soy demasiado partidario de la cirugía estética, pues, entre otras cosas:
- Al contrario de lo que parece, entraña bastante riesgo. Algún caso he conocido de gente que ha tenido que padecer durante el resto de su vida las consecuencias de errores médicos, rechazos o transtornos psicológicos producidos por los cambios.
-Además, tengamos en cuenta que se tratan de operaciones que normalmente siguen a una anestesia general que, por si misma, puede tener consecuencias graves.
- Son relativamente caras, teniendo en cuenta que, en la mayoría de los casos, es algo innecesario.
- En algunas personas, crea adicción. Sí, estoy convencido. Hay gente a la que le gusta como ha quedado algo y piensa “y si me retoco esto tambien? Seguro que mejor todavía” y se hace algo más, y otros a los que no les gusta y se lo retocan una y otra vez en busca de la imposible perfección.
- Es muy doloroso. Y si no te lo crees, pregúntale a alguien que se haya hecho algo… una rinoplastia, por ejemplo.
- No es cuestión de entrar un día en el quirófano y ya está. No es como unos pinchazos de bótox. Algunas de esas operaciones exigen una preparación y suponen un postoperatorio muy coñazo.
Pero la verdad, tampoco me parece algo tan raro, ni gracioso, ni criticable, ni llamativo. Mi amigo Pedro sigue siendo mi amigo Pedro, tenga la nariz más grande y puntiaguda o menos, y el famoso de turno seguirá cantando igual y siendo igual, se haya hecho un lifting o no, así que, ¿qué más me da?.
Entiendo que en algunos casos es necesario intervenir por cuestiones médicas de cualquier índole, y comprendo que hay gente que no esté a gusto con algo de su físico y, aunque normalemente las intento convencer de la innecesariedad de tal acción, las respeto si deciden retocárselo. Por cierto, hay mucha gente de lo más normal en ambas situaciones.
Lo que sí digo es que estas operaciones son un coñazo, tanto para el paciente como para sus seres cercanos, que cuesta casi lo mismo una operación con un cirujano bueno que con uno malo, de esas cadenas que se anuncian en la tele, y que salen mucho mejor y dan menos problemas las hechas por uno de los buenos.
Y tampoco creo que no se pueda hablar de ello. A mi me da igual, y cada vez más gente me confía con total naturalidad lo que se van a hacer o se han hecho. Por eso sé que hay tanto y tan "normal".
Quizá es eso por lo que a la gente le resulta un tema casi tabú, porque se ríen y se burlan de los que se hacen algo, y por eso no les cuentan nada, no lo conocen, no saben de qué hablan y les hace como gracia y lo critican… y siguen sin contarles nada y siguen sin enterarse. Es la pescadilla que les muerde la cola.
Varias cuestiones relacionadas me parecen curiosas:
Una, que en ocasiones es incluso fácil acertar el médico que operó a unos y otros, porque los hay que hacen todos sus trabajos exactamente iguales y les dejan a todos la misma nariz, la misma cara de susto o las mismas lolas.
Dos, he conocido gente que se ha operado en España, en EE.UU., en Portugal pero también en lugares tan exóticos como Brasil, Argentina o Venezuela, donde la cirugía se ve de otra manera y el culto al cuerpo, en ocasiones, es brutal.
Tres, es de las pocas cosas que practican de igual manera, como médicos y como pacientes, gente de todos los niveles sociales, edades, culturas y religiones. Pobres, ricos... Cristianos, judíos, musulmanes… De hecho, el otro día leía que uno de los sitios que está más de moda por calidad y precio es ¡el Líbano!(http://www.elmundo.es/yodona/2007/11/12/sociedad/1194859942.html).
A veces nos gustaría dormir, y nos ponemos a ello, pero el sueño no llega, o hace calor, o frío, o tenemos problemas para respirar por culpa de un maldito resfriado, o estamos sobreexcitados por algo que hemos bebido, o por una discusión, o por una alegría, o preocupados por algo… y nos quedamos ahí tirados en la cama, intentando descansar y haciéndolo cada vez menos por culpa del insufrible agobio que nos produce no conseguir dormir….
Anoche estaba agotado, pero no conseguía dormir dándole vueltas a la incómoda situación profesional que estoy viviendo últimamente.
A eso de las dos, harto ya de intentar dormir y confundido por los traviesos pensamientos que te atacan de noche, me senté en la cama, encendí una luz y busqué mi libro para tratar de leer un poco y relajarme. ¡¡Vaya!!, me lo había olvidado en el coche y no podía hincarle el diente!!
Miré a lo lejos la librería, pero ninguno de los libros que allí descansan me tentó lo suficiente como para abandonar el calorcito de mi lecho. Tampoco me gusta demasiado mezclar lecturas al mismo tiempo, así que desistí en la lectura definitivamente.
Según el teléfono móvil eran las dos y doce de la madrugada. Buena hora cuando resulta que tienes que madrugar a las siete de la misma mañana.
Y entonces me quedé mirando el móvil y pensé “es curioso este aparato, lo uso como teléfono, como reloj, como despertador… pero, ¿qué más tiene?, ¿para cuántas cosas más servirá?” y me puse a indagar… la verdad es que cambié de teléfono hace cuatro meses y aún no sé como funciona, nunca me he molestado en investigarlo.
Aún no sé muy bien cómo, aparecí en una carpeta llena de coloridos juegos. No soy muy aficionado a estos juegos modernos, pero había uno de una serpiente, uno de fútbol,…. ¡y uno de Sudoku!.
He visto a mucha gente hacer sudokus, el otro día sin ir más lejos, una guiri sentada junto a mi se tiró todo el viaje en avión rellenando numeritos en un libro tan gordo como la biblia… (sería la Biblia del sudoku?).
Varias veces he intentado hacer uno, pero no entendía absolutamente nada. No entendía si había que sumar, restar o qué regla había que seguir…. Imposible para mi.
De repente, anoche, elegí el nivel básico y me enfrenté nuevamente a uno. Empecé a poner números sin saber muy bien porqué y el teléfono me respondió “¡¡Correcto!!”. “Dios mío, ¿puede ser que haya hecho bien un sudoku?”, y acepté un segundo reto… “¡¡Correcto!!”… y así hasta 12… vaya, y cada vez en menos tiempo!!!.
Llegó el momento de enfrentarme a los niveles medio y alto… y también tuve éxito… y me dieron las tres y cuarto…. y me dije, “soy capaz de hacer cualquier cosa… lo que me proponga… y… ¿¿yo qué coño hago despierto a estas horas haciendo sudokus??”.
Una de las, cada vez menos, cosas buenas de la empresa en la que trabajo es que tengo un par de horas de clases de inglés cada semana con Randy.
Randy es muy inglés, ya sabéis, el típico guiri pelirojo que toma té y da los buenos días. Parece ser que vino a España hace ya algunos años, aunque escuchando su castellano parece que llegó ayer, con la intención de dar clases y conocer alguna chica maja en un ambiente más soleado que el de Birmingham.
En sus clases, Randy siempre intenta que profundicemos en los phrasal verbs, expresiones varias y cuestiones gramaticales de los más rancias, pero yo siempre me lo llevo a mi terreno sacándole algún tema de conversación interesante y acabamos platicando sobre él durante toda la clase.
La verdad es que nos hemos sincerado con respecto a muchas cosas y en ocasiones, como si de grandes amigos se tratase, incluso nos hemos confiado abiertamente alguno de nuestros secretos mejor guardados.
Ayer, le comentaba que creo que necesito algún cambio en el plano profesional de mi vida, pues llevo varios años no muy a gusto y demasiado “estable”, y él me decía que a veces tiene la misma sensación de “demasiada estabilidad”, pero que cada vez se siente con menos ganas de aventuras y mas necesitado de seguridad, tanto en su trabajo actual como en el resto de aspectos de su vida.
Por ejemplo, sus planes para este año incluían viajar mucho más, experimentar sensaciones de lo más diversas y reencontrarse con viejos conocidos por todo el mundo, sin embargo, sobre la marcha, ha decidido que mejor que eso es ahorrar un poco para así tener un colchoncito de billetes por si no le va muy bien con su trabajo de profesor de inglés u ocurre algo extraño.
Y nada más comentarme esto me miró fíjamente con sus vidriosos ojos azules y me dijo: “¿Crees que hago bien?, crees que hago bien sacrificando mi presente por mi futuro?”.
Pensé mi respuesta unos segundos y le dije “Mira Randy, en cualquier libro de autoayuda la respuesta que te darían es que no, que no haces bien, que lo más importante es tu presente y que hay que aprovecharlo al máximo porque no sabemos si tendremos futuro o si tendremos ocasión de disfrutar de esas mismas cosas y oportunidades, pero yo, no sé si haces bien o haces mal, sólo sé que te entiendo y que respeto que actúes así”.
Lo siguiente que me preguntó Randy es: “sé que a ti te interesan la psicología y esas cosas… y que has leido unos cuantos libros de autoayuda.. ¿qué piensas de ellos?”.
“Verás, Randy, en mi opinión, hay tres tipos de libros de autoayuda:
1.- Los técnicos. Éstos están escritos por psquiatras o psicólogos (en ocasiones por filósofos), por lo que a menudo utilizan un lenguaje más o menos técnico, que intentan suavizar para que todos lo entendamos. Suelen estar basados en experiencias vividas por el escritor desde fuera, como oyente, como doctor, no como paciente, no como sufridor directo, es decir, tratan sobre cuestiones que normalmente no han sufrido en su carnes sino que han visto a otros padecer. Suelen incluir ejercicios y cuestiones prácticas que han podido comprobar en sus años de experiencia que resultan positivos para los pacientes.
Algunos ejemplos, el completo "La conquista de la felicidad" del Nobel Bertrand Russell el complicado “30 palabras para la madurez”, de José Antonio García-Monge, el esclarecedor ”¿Por qué siempre nos enamoramos de quién no debemos?”, de Luis Iván Mayor Silva, el best seller “Tus zonas erróneas”, de W. Dyer, “Remedios para el desamor”, de Enrique Rojas o “El amor no es ciego”, de Alejandra Vallejo Nágera,
2.- De predicadores. Escritos por personas que, normalmente, no tienen formación académica alguna en materias médicas o psicológicas, pero que por sus experiencias personales, directas o indirectas, por su interés en la materia, por sus experimentos y comprobaciones empíricas y por tener una hábil capacidad de comunicar y transmitir a los demás sus conlusiones, han contado de una manera muy directa cuáles son los problemas de la sociedad, y de los individuos que la componen en concreto, y han predicado sus opiniones y cuáles son las posibles soluciones de aquéllos, con la intención, normalmente, de ayudar.
En este apartado destacaría a Louise Hay y su “Usted puede sanar su vida” y algunos libros para dejar de fumar.
3.- De fabulistas. Éstos tienen mucha relación con los anteriores, pues considero que, en mayor o menor medida, tienen mucho de predicadores. Les diferencia que intentan enseñar o hacernos pensar a través de un cuento, una fábula o una historia a la que, con mayor o menor éxito, han tratado de dar una forma literaria valiosa.
En esta grupo encajarían obras como el estupendo “El alquimista”, u otras menos acertadas, de Paulo Coelho, el útil “Dios vuelve en una Harley”, de Joan Brady, “El monje que vendió su Ferrari”, de Robin S. Sharma, el interesante y fácil de leer “¿Por qué estás aquí?”, de John Strelecky o, por qué no citarlos, los maravillosos “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry o “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach.
El caso, es que todos ellos, y algunos otros que he leído, están muy bien, te hacen pensar, te hacen darte cuenta de errores, defectos y virtudes… pero, por desgracia, casi nunca llegamos a poner en práctica lo aprendido, y al final, a medio-largo plazo nos olvidamos de las enseñanzas y nos resultan inútiles.
Es una pena, pero es así.
La teoría sobre lo que hay que hacer es muy bonita, pero hay que verse ahí, en la situación compleja, y tener el valor de adoptar determinadas posturas o actuar de determinadas maneras… la práctica es lo realmente complicado.
Más aún si se es desconfiado, un poco miedoso, un poco cobarde… o se tienen responsabilidades…
Además, ¿por qué las soluciones para unos tienen que ser válidas para otros?.
Por tanto, bravo por los que deciden aplicar las técnicas en su vida y tienen éxito, pero todos mis respetos a los que no las aplican.
Cada uno busca su felicidad como puede.“
Creo que Randy ha decidido seguir ahorrando y tratar de asegurar su futuro...
Y ahora que hablo de ésto, me estoy acordando de otro libro “Happiness”, de Will Ferguson, en esta original novela el escritor Tupak Soiree consigue crear el libro de autoayuda definitivo, el libro que soluciona todos los males… y consigue acabar con el mundo...
Quizás sea mejor que, por muchas cosas buenas que nos aporten, como Randy, no hagamos ni puñetero caso a los libros de autoayuda….
Aunque yo seguiré leyéndolos.
El próximo "El secreto", que me lo ha recomendado Txema hoy... ya os diré si éste me cambia la vida.
Tengo treinta y pocos años (aunque me siento aún más joven y, por lo experimentado, seguro que me correspondería tener alguno más).
Soy soltero, atractivo, tengo un buen trabajo en una empresa internacional, soy respetuoso, bien educado, practico varios deportes, disfruto con el arte y la literatura e intento ser buena persona… Gasto mi dinero en buen vino, buena comida, algún que otro viaje, regalos y, como muchos otros, en la dichosa hipoteca.
Quiero a mi familia, tengo algunos buenos y leales amigos, también alguna amiga, y muchos, muchísimos, conocidos...
Y lo que es más importante, aún tengo pelo.
Seguro que, aunque aún no me pones cara, nos hemos cruzado por la calle más de una vez, o nos hemos encontrado en algún club, restaurante o museo, o nos han presentado en alguna fiesta o conocimos en el trabajo.
Algunos me envidian creyendo que todo en mi vida es perfecto, pero no es oro todo lo que reluce. No todo sale siempre bien. También tuve que enfrentarme al dolor y al sufrimiento, a las dudas y a la confusión, a la enfermedad y la muerte, a problemas de toda índole… Pero eso a casi nadie le importa.
De todo eso va este blog sin pretensiones literarias, de mis virtudes y defectos, de mis penas y alegrías, de mis problemas y sus soluciones, de los buenos y malos momentos, en definitiva, de las vivencias, pensamientos y sentimientos de Jota, un tío normal muy especial... alguien que puede descubrirte y hacerte entender muchas cosas del resto de los hombres.