Ayer tuve claustro en el instituto (una reunión de todos los profesores) y comí con mis compañeros en el restaurante del centro. Generalmente, las comidas con compañeros acaban derivando en los problemas de Fulanito y en lo mucho que hablan Menganita y Zutanita pero ayer acabamos hablando del Islam, de Oriente y de Occidente.
Por selección natural, aunque la mesa era muy larga, yo estaba sentada frente a mis amigos-compañeros del instituto, así que cuando la conversación sobre una alumna musulmana y hijab se sirvió en la mesa, cuando yo dije “hay muchos burkas en occidente”, ellos me miraron cómplices y sonrientes pues son lectores frecuentes de mi blog. No suelo comentarle a la gente que me rodea y que no es de mi entorno que tengo este blog porque aunque Redonna sea una pose en el fondo “doy demasiada información” y prefiero ser leída sólo por personas que me aprecian de veras o por perfectos desconocidos. No me gustan, ni en eso, las medias tintas.
Bueno, pues nos pusimos a hablar, entre sorbete de guisantes y mousse de bacalao (porque mis compañeros cocineros son una maravilla) sobre una alumna que ha evolucionado y si el año pasado venía al Instituto con hijab e incluso con shador, este año, siempre con el pelo recogido, “al menos” viene ya occidentalizada al instituto. Entonces pensé en lo que pienso siempre, en mis viajes por países musulmanes. Utilizamos la palabra “musulmán”, “árabe”, como si a nosotros nos dijeran “occidental”, “español”, “noruego” o “italiano”. Como si todos fuéramos y fueran iguales. Sentí más opresión religiosa con mis melenas rubias y mis camisetas de tirantes en la europea Turquía que en el profundo Egipto, siempre lo digo. Parece que decir “Islam” sea mentar “el mal”. Y a mí cada día me atrae más lo árabe. He dejado la danza del vientre porque no tengo tiempo para nada pero cada día reflexiono más sobre ello, después de leer los libros del escritor afgano y otros que cuando vuelva a tener tiempo de leer largo y tendido por gusto recuperaré. No todos son iguales. No todos somos iguales.
El otro día una alumna de diecisiete años, al correo del blog de aula que estoy haciendo con ellos me envió un enlace de un video aterrador. Trata sobre la violencia de género, occidental total, así que si a alguno os toca de cerca mejor que no pinchéis en el enlace. Si alguien es especialmente sensible le ruego que no lo vea. Es demasiado fuerte. No ves en ningún momento un golpe o una gota de sangre pero lo pasé tan mal que he dudado mucho en si colgarlo. Creo que sí, que es justo. Allá cada cual. Tendría que verlo el mundo entero.
Aquí, en la foto, está la alumnita marroquí del Insituto que cada día habla un poquito más de español...me he puesto yo también el shador, para acompañarla mientras le leo la lección...
Tuve la misma sensación, al verlo, que cuando vi “Te doy mis ojos” . Sensación de terror. Me da, de esta no me escapo. Me cae, me vuelve la cara, me mata, ya está. Y aunque la viese junto a un hombre que sólo le ocurriría levantarme la mano para acariciarme, la sensación de pánico no me dejaba respirar. Lo mismo con el enlace que os voy a dejar. Y os aseguro que es cien por cien occidental.
VER VIDEO MAMÁ Y PAPÁ
Repito, pensad si queréis verlo antes de hacerlo... es realemente aterrador... no lo hagáis en el trabajo, os dejará destrozados...
La imagen es la escultur ZAKIA y LATIFA y representa a unas niñas que estudian a escondidas en las escuelas clandestinas que se crearon en Afganistán durante la época de los talibanes, ya que los talibanes prohibieron la educación a la población femenina. Podéis ver la exposición completa AQUÍ |