LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Jueves, 06/03/2008
TODO LO QUE NOS QUEDA POR SABER Y DESCUBRIR
Ya os he dicho en alguna ocasión
que no siento por París nada especial. He estado varias veces y, la
verdad, me quedo con, por supuesto, la posibilidad de ver en el Louvre
la eternamente venerable Victoria de Samotracia –a la que yo, en
sueños, le pongo mi cara-, algún rincón del Barrio Latino y, por
supuesto, el Museo D’Orsay con todo lo que conlleva, además de la Saint
Chapel, el Museo de la Edad Media y sus tapices de unicornio
misterioso, pasear por el Sena… vaya, ahora va a resultar que me gusta
más París de cuanto creyera…
Mi primo Álvaro se va a París
esta semana de viaje de estudios. Yo también fui a París la primera
vez, a su misma edad, por el mismo motivo. Imagino cómo se tiene que
sentir aunque, en estos tiempos, evidentemente, para él no es la
primera vez que sale al extranjero. Para mí sí lo era, incluso
cambiábamos entonces de moneda y a nosotros, todos mis compañeros de
aquel maravilloso COU de Letras Puras, purísimas, -en el que mi ya
entonces científica Ana se colaba- estábamos absolutamente
predispuestos a alucinar con todo, nada más entrar en la ciudad y ver
una estatua de Zolá.
Recuerdo que fue la primera vez que
empecé a ver cosas que sólo has visto en los libros y de pronto ante ti
se hacen realidad –como la piedra de Hamurabi o cosas más profanas,
como el Molino Rojo o la Torre Eiffel- y, precisamente por ello, no
sabes si estás o no en un sueño. Me recuerdo, hace más de diez años,
abriendo mucho los ojos frente a Notre Dame, comiendo por primera en un
restaurante francés y comprándome una preciosa camiseta color verde
pistacho, frente al Centro Pompidou que mi hermana y yo nos turnamos
durante años.
Ahora me recuerdo allí, sentada en las escaleras
del Sacré Coeur, bebiéndome una lata de cerveza Bavaria –me parecía la
cosa más exótica de la galaxia- creyendo que nunca iba a crecer y que,
después de aquellos días, nada me quedaba por aprender. Qué hermosa es
la vida…
Recuerdo una bellísima anéctoda, que sucedió en Mont
Martre, la última noche de mi viaje de estudios y que me daría una importante lección, en este caso, más allá de las literarias, las históricas y las artísticas. Los pintores de retratos estaban por allí,
pulando, buscando a turistas, como yo, incautos. Uno de ellos, guapo,
guapísimo me paró… “pog favog, pog favog…nesesito pintag tug ojogs…
oooooh… pogfavó… “ Yo, que entonces ya era mini-egocéntrica perdida, siendo
advertida por la mitad de mi instituto y, lo que era lo mejor, mi
profe de Literatura, en semejante tesitura… ni corta ni perezosa me
senté, ufana y salerosa en aquel taburete con mi movimiento de melena
que, aunque por aquel entonces aún no tenía del todo dominado, tenía
ya visos de irse perfeccionando.
El francesito –que tendría
unos veinte años- me miraba y me tocaba la cara, pintaba y pintaba…
hasta que me quedé, yo ahí, sola con mi amiga Ana mientras los demás se
dispersaban: - Bueno, guapa, entonses…mmmmmmm, ¿cuánto tú me quieres pagar? - Mmmmmmmmmmmmmmmmmm ¿pagar? ¿Qué? - ¡El retrató, mon amour!
Ana, también alucinada, me miró. Ah, claro, que había que pagar… 40 francos… ¡40
francos! Quería que me tragara la tierra. Eso era, por aquel entonces,
como unas cinco mil pelas ¡de aquellas!... y le dije al bellezón,
cuando tuve mi retrato en la mano… - Sólo tengo 20… - le dije,
con mi mente super-rápida mientras su sonrisa de ensueño, se esfumaba.
Y se marchó con los 20 francos. Y Ana y yo nos quedamos, ahí, bajo los toldos rojos y verdes de
Mont Martre con cara de pazguatas. No era verdad, me quedaba algún franco más, pero no pensaba
pagarle por aquel retrato en el que aparecía una chica rubia que
nada se parecía a mí excepto en que tenía que saber que le quedaba
mucho, mucho por aprender…
Dedicado a Álvaro, para que esté atento, a todo lo hermoso que
le espera por descubrir en París pero también que sea consciente de que nunca, nunca,
nunca dejará de aprender ni de descubrir.
Comentario de: Dalila [Visitante] Jueves, 06/03/2008 - 13:29
Como siempre me quedo con la parte que mas me interesa.
Dicen que la cara es el espejo del alma. A veces, alguien que no se ajusta a los canones de belleza establecidos, nos parece especialmente hermoso, y es que es capaz de reflejar aquello que lleva dentro (alegría santidad picardía ...)
Una vez me dieron una fotografía para que hiciese un retrato. Mucho tiempo después tuve ocasión de conocer a aquella persona, y supe que no se parecía en nada a aquel retrato pese a que era igual a la foto.
No me extraña que aquel retrato no te hiciese justicia. Para hacer un juicio de alguien no basta con unos instantes (y un retrato es un juicio... y viceversa). Efectivamente, debemos aprender de todo lo que hacemos. Sabio consejo el que le das a tu primo.
Beso
¿Y mi mensaje? ... ¡¡Redonna!! .. que yo te he escrito a primera hora ... ¡¡lo juro por la madrecitadelniñojesus!!
¡A ver! ... quien lo haya encontrado .. ¡¡que lo devuelva inmediatamente!! ... y si alguien lo ha leído ¡fuera de lugar! ... (seguro) .. que avise ¡porfa!
Comentario de: Redonna [Visitante] Jueves, 06/03/2008 - 15:13
EStrellitaaaaaaaaaaa, no he visto ningún mensaje... Nunca borraría ningún comentario, si te refieres a eso... ¿Qué ponía? Jopeeeeeeeee
Gracias a todos por vuestro ánimo. Un abrazo.
Comentario de: AMANDA [Visitante] Jueves, 06/03/2008 - 20:53
Que sabiduría la de Ortega y Gasset...! cuando escribió la deshumanización del arte( esto tb, a veces, se da en algunos artistas entre " "..... No recuerdo, quien me dijo una vez, que en la vida, como en el arte cuando uno busca solo alcanzar un fin( y más si éste es solo material...)se pierde el motivo y el impulso que nos movió a crear la obra....
Pero a pesar de todo ,a algunos, como en "Casablanca" .... " Siempre nos quedará Paris....."
Amanda
Please stop saying stupid things! After reading your posts I want to laugh! You are trying to act and talk like an experienced person, but it does not work in your case. You can’t imagine how funny you look. I didn’t want to say anything bad but words just came out of my mouth! You must be crazy!
I prefer reading this kind of information when I’m alone in the room, so no one would see an expression on my face. It’s disgusting! I don’t believe a single grose word about it!
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...