LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Martes, 05/02/2008
REGALAR, REGALADO, REGALANDO...
Hacer regalos me gusta casi tanto como recibirlos. Lo mejor de mi “afán regalador” es que no necesita ningún motivo ni ningún aniversario –aunque tengo una memoria de elefante y puedo recordar fechas concretas, vestuarios, palabras y frases hechas- sino que me cuando hago un regalo, a veces lo hago sin ningún motivo. No sólo pretendo demostrarle así al regalado o regalada lo mucho que me importa sino que, supongo, tiene que ver con que a mí, regalar, también me hace muy feliz. Creo en esas cosas de que todo en la vida vuelve y todo lo que hagas –bueno o malo, por desgracia, así que conviene darle el tratamiento a ciertas cosas de la vida en las que pareció que nos equivocábamos más que como faltas o yerros como acciones pasadas- te será devuelto en la misma medida. Por eso, cuando alguien me dice que le gusta un CD, al día siguiente se lo grabo, cuando una amiga me dice que le gusta mi mechero, se lo regalo y suelo comprar pequeñas cositas en los viajes cuando pienso en alguien. También me encanta regalarme cosas a mí misma, como esta tarde, que me he comprado, porque he leído en el periódico que estaban recién editadas –epistolarios… qué afán morboso será el que me mueve a devorarlos…- , las cartas de Vicenta Lorca a su hijo Federico. No me extenderé mucho hoy porque no veo la hora de tirarme en la cama a leérmelas de una sentada.
Hoy quiero haceros un regalo pero tenéis que prometerme, si lo usáis, que mi regalo se convertirá en otros muchos regalos. Se trata de un “generador” de poesía visual que le he “robado” a un colega bloguero y profesor que ni se imagina lo que me está ayudando a estudiar. Serviría para explicar a mis alumnos qué son los caligramas, la poesía gráfica y esas cosas magníficas que podría enseñar en mi asignatura si alguna mente pensante se diera cuenta de que no puedo hacer nada, en Bachillerato, con sólo tres horas a la semana. No vale usarlo para San Valentín, que aunque la historia del santo es muy bonita, como todas las fiestas, debería serlo todos los días. Yo os lo dejo con otro de mis poemas favoritos -para no variar, tengo el día lorquiano- pero podéis escribir lo que más os guste porque es un programita fantástico. Repite las cosas varias veces y es que hay cosas que no deberíamos parar de decirlas durante todos los días de nuestra vida... Sirve para enviarlo por correo electrónico, para imprimirlo, ponerle detrás una bonita foto… ¡vosotros mismos!
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...