LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Lunes, 28/01/2008
INDIVIDUAL O COLECTIVO
Yin tiene dieciséis años pero la conozco desde que llegué a mi barrio, hará ya cuatro años. Ha crecido mucho últimamente, se está convirtiendo en una jovencita monísima y sus ojos rasgados se llenan de alegría cuando me ve entrar en la tienda en la que ayuda a su madre, un “todo a cien” que hay frente a mi casa. Yin es china y cuando la conocí no sabía hablar ni una palabra de español. Ahora, tras cuatro años en el instituto, habla perfectamente e incluso tiene matices dialectales de mi región, que resultan muy graciosos pronunciados con su especial fonética. Me encanta hablar con los adolescentes como si fueran adultos, porque eso a ellos les encanta y es mucho más fácil así aprender de ellos y de cómo piensan –mi amigo y colega Antonio me dijo el otro día que eso es un error, que dialogo demasiado con ellos pero menos mal que en la conversación, mi amiga y también profe Carolina, mucho más diplomática que yo, le convenció de lo contrario en la segunda cerveza-. Siempre he hablado con Yin –suelo hablar bastante con la gente, por la calle, en las tiendas…cuando sea mayor ¿la gente pensará que soy una loca?- me he interesado por la evolución de su español, por sus clases y ella me responde a todo sonriendo, como si yo fuera el Hada Buena de las Buenas Palabras que le sonríe y le dice lo bonito que es el jersey que lleva hoy puesto, que me gustan sus nuevas chanclas o que se retire el pelo de la cara, que está así mucho más guapa.
Entro frecuentemente a comprar cosas insospechadas en ese todo a cien, como toallitas de bebé para limpiar las patas de mi perrito Pascual, fundas de plástico para los apuntes, piedrecitas-ambientador para los ceniceros, cintas para recogerme en casa el pelo… El sábado entré a comprar unas flaneras, porque mi amiga y ex profesora de italiano Michela me ha traído de Italia sobres para hacer Panna Cotta que es algo así como un flan de nata delicioso que allí se vende como aquí los sobres de preparado para hacer postres. - Yin, buenas tardes…necesito unas flaneras… - Sí, sí, ven, ven, por aquí… Y me hace seguirla, por el laberinto de extraños objetos a la venta, y me hace pasar por las estanterías donde tienen expuestas las cajas y me señala, pícara como ella sola, una cajita de lo más hortera pero fucsia y violeta que yo rehúso comprar con una de mis mejores sonrisas. - Estas se lleva la gente… - Mmmmmmmmmm, pero es que yo quiero pequeñitas, individuales…¿no tienes? - ¿Individuales? ¿Qué es? - Para una sola persona… mira, esta es “colectiva”, para varias… - Aaaaaaaaaaaah, aquí, individuales aquí… Me llevo media docena de flaneritas de aluminio y me acompaña hasta la caja, mientras su madre la mira un poco disgustada porque intuyo que no le gusta mucho que la niña pase del resto de los clientes en cuanto yo entro en la tienda. - Yin, ¿lo has entendido? Es como los sustantivos, individuales y colectivos… ¿recuerdas eso? - Sí, sí, gracias, yo he entendido… tú siempre profesora…gracias…
Pago y ella se me queda mirando. - ¿Te irás ahora a dar un paseo con tus amigas? - No, no, ahora al restaurante…yo no salgo… prohibido…
Su madre, en chino mandarino, le recrimina con dureza su respuesta con una mirada reprobatoria. Ella le responde, en su idioma, respetuosa, y me mira y sonríe. Me acompaña hasta la puerta y nos cruzamos con un señor, que casi se choca conmigo, que la saluda en chino y yo siento cierto aliento alcoholizado. Yin y yo nos quedamos en la puerta, mientras el hombre, que debe ser su padre pero es la primera vez que yo lo veo en cuatro años, habla con la madre. Yin me pregunta por Pascual, le digo que he salido con prisa sólo a por las flaneras, que el perrito se ha quedado en casa, prometo pasar mañana con él a saludarla. De pronto, sale enfadado el hombre, mientras la madre le grita algo, muy enfadada desde el mostrador. Yin me dice: - Bueno, adios… Y entra en la tienda. Yo cruzo y entro en casa. El padre sí se ha ido de paseo, creo, mientras Yin y su madre permanecerán en la tienda, como el resto de los 365 días del año, hasta las diez de la noche, que está abierta.
Comentario de: Alex [Visitante] Lunes, 28/01/2008 - 13:27
Imagino qué dificil será su situación. Cerca de mi casa hay un resturante chino, el dueño era profesor en su tierra, tiene 4 hijas, y alguna vez que comí allí las veía llegar del colegio, comer en una mesita apartada y al terminar ayudar, así también a la hora de la cena.
Una amiga que es profe contaba que alguna de sus alumnas le comentaba que estas niñas nunca llevan a las amigas a su casa, porque dicen que les da vergüenza porque su casa está llena de camas por todas partes, para alojar a su numerosa familia.
En fin, ser emigrante siempre es dificil, si te mueves en un mundo muy cerrado mucho más.
A mí me parece que es demasiado sacrificio lo que hacen las gentes de esas tierras, tanto trabajar, es demasiado.
Ahora entiendo por qué las multinacionales se van a China a levantar fábricas ¡ Qué espíritu de sacrificio! Lo peor de todo es que vida sólo hay una ¿Después de tanto trabajo, qué?
Sólo se me ocurre acabar este comentario con un tópico: nos quejamos de vicio
Comentario de: un servidor [Visitante] Lunes, 28/01/2008 - 20:34
La verdad que es admirable. Sólo discrepo contigo en un tema: no creo que sea 100% un tema cultural. Mi padre, por ejemplo, empezo a trabajar con 12 años, de pastor, y se pegaba 3, 4, 5 días fuera de casa. Y no hace tanto, eso pasaba hace 50 años en nuestro país. No creo que mi padre sepa lo que es una infancia feliz, no tuvo Playstation, ni nada para jugar, ni salian a beber los sabados. Ni tuvieron nada de todo lo que hacen ahora los jovenes, todo eso que si ahora les quitaran su vida les pareceria un infierno. Y trabajo unos 12-14 horas en una fabrica hasta que pudo pagarse una casa... y sin embargo es un hombre feliz.
Hace poco leí un articulo donde se decía que a España viene gente desde las regiones interiores de China, campesinos o comerciantes, acostumbrados a trabajar de sol a sol. Todavía tienen esa mentalidad aquí. Los chinos de las grandes ciudades no viven distitno de nosotros y esos emigran a Estados Unidos o el Reino Unido. Hace poco estuve en Londres, donde se puede comprobar esto mismo, donde en las discotecas habia gente oriental como cualquier otro. Es cuestión de que la emigración se asiente en España.
Aún asi esta experiencia de Redonna es preciosa. Envidio a la gente que se pone a hablar con otros como si tal cosa, ya que a mi me cuesta mucho superar esa vergüenza inicial. Perdón por la parrafada
Comentario de: gini [Visitante] Lunes, 28/01/2008 - 20:40
Es una pena, no viven, solo viven para el trabajo.
Pensad que suerte hemos tenido por bacer en este Paìs, y, aún así siempre estamos quejándonos por todo .
Saludos.
Comentario de: Pezezita [Visitante] Lunes, 28/01/2008 - 20:46
El único caso que conozco era de una compañera de clase cuando teníamos 14 años... por las tardes entre semana las dedicaba a estudiar y ayudar en el restaurante también... y los fines de semana la dejaban salir solo el viernes porque los sábados por la tarde estaban llenos... cuando era temporada baja intecambiaban... un sábado ella y otro su hermana así salían...
Bueno, conozco también el caso de un amigo de un vecino mío de 19 años... van los dos a la uni y el aunque ayuda en el restaurante también sale de fiesta...
Esto no es lo que se llama choque cultural?
Todos tenemos bastante en lo que avanzar... solo que cada uno, en unos aspectos diferentes...
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...