LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Lunes, 24/12/2007
A LOS QUE CENAN LEJOS DE QUIEN AMAN
Yo siempre había albergado la esperanza que llegara a entender por qué tuve que romper con él. Así que se lo pregunté otra vez.
<<¿No entiendes por qué tuvo que ser así?>>.
Me miró con tristeza y contestó:
<<No, la verdad es que no. Otra mujer, en tu lugar, se habría sentido muy afortunada>>. Eso, querido, Pedro, es sin duda cierto, pero <<yo no soy más que lo que soy>>. Se marchó; yo no sabía que estaba enfermo y que no volvería verlo nunca más […] El final fue triste pero inevitable. Acabó sin amargura.
Él me ayudó en más maneras de las que puedo contar y estoy infinitamente en deuda con él. Y yo ¿qué le aporté yo a él? Fuera un error o no, fui yo quien le dio el ímpetu para crear su mejor poesía en las alegrías y en las penas. Ambos deberíamos estar satisfechos.
Con estas bellísimas palabras cierra Katherine Whitmore el libro que contiene las cartas que le escribió su amante, el poeta Pedro Salinas. Se conocieron en España, cuando él estaba ya casado con la oscurísima Margarita Bonmatí. Fueron profesor y alumna. Katherine Withmore era entonces una mujer bellísima, prudente y serena. Cuando llegó a España aquel verano con treinta y cinco años, era ya profesora de Lengua y Literatura española en Massachussets. Tuvieron pocos encuentros, la distancia les separaba durante meses y años y fue, en realidad, un amor más soñado que vivido. En la última carta que Pedro le escribió a Kathe le decía: <<A veces pienso que nuestro amor y nosotros somos cosas diferentes; que nosotros andamos por un lado y él, por otro. Pero de su existencia no dudo, después de haberte visto y de desear verte más, mucho más.>>
Adoro a Salinas desde el primer día que leí el primer verso pero cuando hace años conocí en persona al “TÚ” de La voz a ti debida, de Razón de amor y de Largo lamento –la trilogía amorosa poética más bella que se haya escrito jamás- quedé decepcionada por el Pedro Salinas en persona. Siempre supe que había otra mujer, que no podía ser aquella Margarita sosa, que miraba con cara de ñoña desde el retrato, con el vestido blanco, esposa de las cartas anodinas que también he leído –Salinas nos dejó epistolarios infinitos… también maravilloso el que cruza con Jorge Guillén- , que ese huracán de amor tenía que llegar más lejos. Había otra y era Katherine. Así que la conocí, a través de ese libro de las cartas, donde en un breve y sencillo pero sincero epílogo –siempre quiso estar a la sombra e incluso en “su testamento” vital así lo hizo y nos relata todo aquel amor. Las cartas de Pedro son egoístas, siempre pide, nunca da. Permitió que se casara con otro hombre porque él nunca contempló la idea de abandonar a su familia. Kathe era su musa, su amor, su gran pasión. Y ella le amó sin medida, en la distancia, en el nunca podrá ser…
Aunque a mi prima adolescente Sara le aburren los post sobre poetas y poesía –ella prefiere cuando hablo de cosas “chic y fashion, prima Redo, como tus bolsos, tus gafas y las tazas con maripositas fucsias que tienes en tu casa…” hoy le dedico el post a Katherine, porque es Nochebuena y ella pasó muchas –todas- alejada del hombre al que amaba.
No siempre se tiene la suerte de compartir la vida con quien queremos así que hoy, dedicado a todos los que como Kathe, cenan lejos de aquellos que aman.
Estos literarios amores difíciles... Te estás poniendo estupenda, Redo
¿Sabes lo que, por contra, dice un amigo mío? Que sólo le gustan mis artículos que hablan de literatura. Y ya ves cuánto hace que no los escrio.
Que lo pases tú también muy bien. Un beso muy fuerte,
Bellísimo post que incide en algunas reflexiones que yo me había hecho sobre el amor secreto de Pedro Salinas. No sé si Margarita era sosa y convencional, pero raros son los libros poéticos dedicacos a la propia esposa. Ese Tú misterioso y evanescente de La voz a ti debida (verso de Garcilaso) tiene una fuerza extraordinaria, la del deseo reprimido y nunca saciado, algo así como la ideología del amor cortés en un poeta contemporáneo. Puedo entender esa filosofía amorosa pero no la comparto. Lo cierto es que nos dejó bellísimos libros de poesía que podemos disfrutar.
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...