LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Sábado, 22/12/2007
LA ESPAÑOLA CUANDO BESA...
Conocí a mi amiga Verónica una lluviosa tarde de octubre, en 1999, en Pisa (Italia), la ciudad más bella del mundo. Ella es minúscula, una de esas mujeres que parecen a punto de romperse de un momento a otro. Manitas pequeñas, pies diminutos y carita con facciones aglutinadas. Nunca he comprendido cómo en un cuerpo tan pequeño cabe una mujer tan grande. Pasan meses y estamos ya llegando al año sin vernos, pero nuestra amistad sigue viva a través del teléfono. Recuerdo perfectamente aquella tarde porque yo supe instantáneamente que Verónica tenía que ser mía. Y yo de ella, claro, así que nos hicimos íntimas amigas además de que compartimos piso durante un año. Fue tan fuerte aquel primer café –en el que un oscuro agente de alquileres nos había citado para ver si congeniábamos y pagábamos la casa a mitad- que casi antes de echar el azúcar en el capuchino yo sabía que tenía que luchar por ganarme la amistad de aquella diminuta muchachita. Vero es especial, una amiga íntima de las que, por suerte, tengo pocas, pero tengo un defecto y es que, como con ella, me encandilo de gente a la que tengo, irremediablemente, que llevarme al huerto. No sabéis qué lo que cansa…
Y lo malo, es que me esfuerzo. Me esfuerzo con tantas ganas que acabo agotada. Unas veces merece la pena y otras no tanto, pero aquellas personas que considero que “quiero para mí”, rara vez se me escapan. Aunque yo me siento bastante ciudadana del mundo, supongo que tiene que ver con eso de “la española cuando besa es que besa de verdad” y si alguien llama mi atención por b o por a, y me devuelve el interés… has caído para siempre, en mis redes, del amor o de la amistad. Os aseguro que no es nada fácil. Tengo muchos amigos pero no soy de esas personas que caen bien a primera vista. Más bien, todo lo contrario. El otro día alguien me dijo que “imponía”. Soy bastante imponente, la verdad, tengo pinta de frívola y de mala, de superficial y de tirana, de antipática y de sobrada. Lo mejor de ello es que no soy ninguna de esas cosas, así que es muy divertido pasar por la vida por algo que no eres y mostrarte real y verdadera sólo ante a quien a ti te da la gana, tu verdad, tu verdadera cara. A veces, como soy poco discreta, eso se escapa pero intento seguir ocultándome tras mis enormes gafas Dolce & Gabbana.
Como os decía, acabo agotada pero quién sabe por qué, en el mundo adulto y real del que soy relativamente hace poco tiempo moradora, encuentro con bastante frecuencia a personas que merecen la pena. Me gustaría quedármelas a todas, para aprender de ellas, para ver si me traspasan eso tan especial que a mí me parece que, a primera vista, entreveran… Si mi madre leyera esto seguramente diría que es que yo me dejo extasiar, que soy tan impresionable y tan apasionada que me dejo siempre encandilar, que no tengo medida ni mesura alguna y que cuándo va a llegar el día en que madure de verdad. No tengo la más mínima intención de cambiar. Quiero conocer gente, intimar, hacer nuevos amigos, conocer nuevas personas que quién sabe si después ellos me querrán pero en el camino, como una vampira, mientras te dejo mi atención y mi afecto, algo de ti, en mí quedará.
Esta afición mía a la relación, al gusto por enamorar, tiene un escabroso contrario y es que, igual que a primera vista alguien me puede conquistar, del mismo modo, si alguien entra por el ojo izquierdo –y eso que soy zurda- es complicado que cambie de lugar. Me cuesta esperar. No suelo dar tiempos ni descuentos, la suerte está echada, desde la primera ojeada.
Así, supongo, a veces quedarán seres maravillosos en el camino, personas a las que no les di una oportunidad y, por mi rapidez, mi injustificada afición a juzgar desde el primer momento, luego me llevo serias desilusiones o, simplemente, tendría que reconocer que me he equivocado. Lo cierto es que no me suelo equivocar, que esas personas de las que “me enamoro”, contrariamente a lo que yo hago, obvian de mí mi primera impresión, mi mirada cautelosa e inquisidora, mi búsqueda constante de qué habrá detrás.
Mi amiga Verónica, no obstante, aquella tarde lluviosa en que nos conocimos pensó que yo era la tía más hortera que había visto jamás –ella es medio hippie en el vestir y en el pensar, estudiante de 5º de Derecho entonces, pero hoy, secretaria judicial- que compartiría piso conmigo porque no le quedaba otra opción, pero que aquello iba a ser infernal, con esta petarda, petulante, estudiante de Letras, además.
Menos mal que “la vida es aquello que te sucede mientras te empeñas en hacer otros planes.” (John Lennon).
Verito y yo, por Joaquín Sorolla (S XIX) Por supuesto, yo soy la del sombrero con velo y paraguas
Comentario de: AMANDA [Visitante] Domingo, 23/12/2007 - 00:18
Pues que casi como te has descrito, podías haber puesto un cuadro , de .. se me ocurre , !Leonardo !por ejemplo con su Gioconda,o tb podría ser la Mujer del Unicornio de Rafael,o esa mujer de larga melena negra de Munch, resumiendo das todo el aspecto de mujer fatal, hay un libro muy guay que leído hace poco
" Las mujeres que leen son peligrosas". Tb me ha recordado tu comentario a una Canción de Silvio, esa que dice ..Una mujer con sombrero.....hace poco estuve viendole en un concierto
" Sentido y Sensibilidad",me llama la atención lo segura que estás de todo, un profe de literatura una vez me dijo :
" Uno con lo que dice se dice..... y para ser profesora de literatura, eres transgresora, a veces , como los goliardos, tus alumnos se lo deben de pasar guay!.Es cierto lo que decía Lennon
" La vida, es algo que pasa mientras estamos haciendo cualquier cosa"
Un saludo
Comentario de: Redonna [Visitante] Domingo, 23/12/2007 - 12:28
uy, Amanda, qué comentario tan completo me haces... muchísimas gracias :-)
La Gioconda ya la he utilizado, ;-), y Rafael...mmmmmmmmm, no me llega a tocar el corazón... Sí Munch, me gusta mucho, pero no me identifico con sus mujeres... me resultan muy desconcertantes (prefiero a las de Klimt)
Yo también tengo muchas ganas de leer "Las mujeres que leen son peligrosas" pero ahora estoy otra vez en Kabul, con la segunda novela del escritor afgano de Cometas en el aire... falta muy poco y presiento un largo post...me tiene encandilada "Mil soles espléndidos".
No sé si mis alumnos se lo pasan guay -bueno, yo intuyo que algunos sí- pero yo disfruto tanto...
Me has dado una idea con eso de los goliardos... gracias otra vez.
Comentario de: gini [Visitante] Domingo, 23/12/2007 - 13:11
No puedo entrar en la pagina de Navidad.
Problemas graves me impidieron estar con vosotras.Me alegro infinito que sigais ahí.
Felicidades a las mamis, ya leí todo.Adelante mamás.
Besiños,ya hablaremos.
Comentario de: AMANDA [Visitante] Domingo, 23/12/2007 - 16:33
!De nada !Redonna, lo de los goliardos no es mío, tb lo aprendí en una de las clases de literatura,así que las gracias ya se las daré al profe de tu parte, cuando vuelva de vacaciones , ( ya sabes al Cesar lo que es del Cesar ....)si algún día me lo encuentro por los pasillos. Creo que es honesto siempre decir , cuando aprendes algo quién te lo enseñó..... no lo crees tu así?,cuando hago algún trabajo y pongo una frase o comentario elocuente si los transcribo al pie de la letra, procuro poner notas a pié de página ... Creo que es lo más honesto ...
Mi abuela decía muchas veces ! Eu non creo en as meigas, pero haberlas.....!
Un saludo Amanda
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...