LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Martes, 04/12/2007
NO, NO, NO, NO PIENSO HACER DEPORTE
Hace unos lunes, por la mañana, me quería morir. No podía levantarme de la cama. El despertador fue como una llamada a la batalla, una llamada al último de mis días. Me incorporo, socorro, quiero vomitar, quería que las sábanas me atraparan entre sus garras y no me dejaran ir nunca jamás. Mi edredón nórdico me abrazaba como un amante inquieto, hacia atrás, sin dejarme respirar. La radio, no, por favor, cantaba las siete y media y yo quería desfallecer. El pelo hecho un asco, yo ahora no puedo ponerme a secarlo durante cuarenta minutos pero con esta pinta yo no puedo ir a trabajar. A mí me da algo. Qué hago. No puedo. La garganta, la cena de anoche, el estómago, esa última cerveza que me tomé sin ganas. Adiós. Adiós para siempre si me levanto.
En contadas ocasiones, excepto cuando era niña, he tenido que quedarme en la cama por no poder ir al instituto, a la universidad o al trabajo por encontrarme enferma. Físicamente, estoy permanentemente sana, como una manzana. No me cuido especialmente, bebo, fumo y como lo que más o menos me apetece y el deporte más intenso que hago es levantar el brazo para parar taxis cuando tengo que andar más de veinte minutos. Me gusta pasear por la montaña, pero sobre todo, me gusta la montaña si hay ermitas o viejas iglesias que visitar y algún restaurante rural en el que acabar la mañana. Soy una vaga empedernida, de esas que se van a un centro comercial en coche para no cargar con las bolsas desde el supermercado de la esquina. Pese a ello, soy una persona ágil e inquieta, flexible, bailo discretamente sólo a fuerza de ver videos musicales de Shakira y contonearme frente al espejo mientras me arreglo y la escucho.
Sólo somos conscientes de que poseemos algo cuando esto desaparece. Yo debería, cada mañana, levantarme y decirme repetidamente: qué bien estás, no te duelen los huesos, los músculos, ni la cabeza ni el estómago jamás, comas lo que comas y, pese a que hablas como un loro, la garganta sólo te duele si la fuerzas en el trabajo, eres un portento de fortaleza. No hago ni he hecho nunca ningún deporte, lo prometo. Hace poco alguien me dijo que dentro de catorce años –ni uno más ni uno menos- estaré hecha un asco, que como sólo me cuido comprándome cosméticos caros, a los cuarenta y tres, exactamente, estaré fatal, porque no me cuido nada. Pues cada cual que se cuide como le de la gana. Yo estoy, gracias al cielo, viva quien viva allá arriba, sana, sana, sana y un millón de veces SANA.
Nunca en la vida he hecho deporte y le demuestro a quien haga falta que en meses de estudio intensivo me quedo en una talla 40 sin hacer ni una sola flexión, sencillamente utilizando menos el coche y siguiendo la dieta Special K, esa que te dice “cereales por la noche y cereales por la mañana, el resto, comida sana”. Bastante tengo con lo ansiosa que soy, lo inquieta y, sobre todo, yo creo que es que yo soy rápida. Subo y bajo escaleras como una loca, voy acelerada a todas partes y puedo preparar unas croquetas y una tortilla de patatas mientras acabo de hacer la cama, limpio el baño y repaso los cristales y, si hace falta, me quito también algo de plancha. Soy puntual como un reloj a mis citas, me arreglo en dos minutos y me planto en el centro como las balas si el plan me seduce.
Pues no. Tengo que dedicar tres o cuatro tardes a la semana a
llegar a un lugar que huele fatal, donde la conversación más
inteligente versa sobre los músculos del monitor de Gim-Jazz, donde se
me estropearía el pelo, me tendría que duchar ¡con chanclas! o, lo que
es peor, torturarme a solas y por mi cuenta, mientras jadeo como una
loca corriendo por el parque de al lado de mi casa, volver muerta de
frío y de agujetas, sudando como una payasa. Que no, que no y que no,
que no me gusta el deporte ni pienso hacer, salvo mandato médico, ni un
minuto de gimnasia
Pase que tengo unas Reebook Classic para emergencias y las de trekking, porque tienen la suela gordita y me quedan genial, pero zapatillas... o Lelly Kelly lanza línea de adultos o nada.
Ciao Redonna, fortunata te che per chiamare i taxi basta un movimento del braccio..... in Italia non si fermano neanche se ti pari davanti.... quindi come puoi immaginare le mie braccia, non potendo fermare i taxi si sono un pò rammollite. Quizás subir las escaleras en lugar de coger el ascensor. ciao!!
Comentario de: María [Visitante] · http://msn.es Miércoles, 05/12/2007 - 11:01
Hola Redonna,
ja,ja me ha gustado el post,mas que nada porque me siento identificada.Yo soy una "mariactiva" pero sin confundir con hacer deporte de una manera pura y dura.El pensar estar haciendo bicicleta de cara a una pared o mirando al infinito me aburre y me resulta incómodo, por el parque corriendo pensando y pensando me deprime...yo me meto en una 36 pero es que no paro de quemar energía durante el día.
El deporte es muy sano, lo defiendo y admiro a la gente que se enfrenta día a día con sus zapatillas pero que me perdonen los chandals y demás prendas spotives que yo me quedo con "el silloncito".
Besos
Pues yo también soy de vuestro (el de María y el tuyo) de "mariactivas" ... y no voy a decir en qué talla me enfundo los pantalones porque es la talla prohibida .. pero ¡os juro! que no lo parece ... o a mí al menos no me lo parece.
Mientras no ncecesites hacer deporte .. ¿por qué tendrías que hacerlo? .. no está mal que pasees por el monte .. y ¡¡bailar!! ... ¡¡se acepta baile como actividad deportiva!! .. ¿por qué no? ...jajaja
Comentario de: funa [Visitante] Viernes, 07/12/2007 - 23:08
Pues tendré que poner yo la nota discordante. Me he pasado buena parte de mi vida yendo al gimnasio en invierno, porque necesito hacer ejercicio. Me hace falta cuando llevo sentada todo el día y también me hace falta porque mi metabolismo es lento y pese a que hago ejercicio de forma habitual, no bajo de un talla 44 si no es pasando hambre.
Y por ahí sí que no paso. Me gusta comer, para mi es uno de los placeres de la vida. Eso de rematar una jornada en el campo como dices, en un buen restaurante es un lujazo del que soy consciente.
En verano prefiero hacer ejercicio al aire libre, tenis, bici, piscina... redonna la piscina es un relajante genial, puedes pensar en las cosas que tienes que hacer al dia siguiente o las que has hecho durante el día... solo nado 30 minutos, lo suficiente para meditar, me hace la función del yoga... jejejjee...
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...