Ya no puedo leer
La Regenta sin imaginarme a otra Ana Ozores que a Aitana Sánchez-Gijón y a otro Fermín de Pas que Carmelo Gómez. Cosas de la televisión, qué le vamos a hacer, pero Anita es otro de mis personajes fetiches por sus agonías, por su angustia y porque ya sabéis que me encantan las mujeres literarias bellas y torturadas, en este caso, víctima de la envidia de sus convecinos y, sobre todo, víctima de su propia soledad. Y es que para mí, el tema fundamental de
La Regenta es la soledad de mi querida Anita, de su necesidad irrefrenable, desde que es una niña, de tener a alguien a su lado que la ame y a quien amar.
Odio estar sola y por eso me entristece que alguien me diga “me siento solo” porque para mí, sentirme sola es un sentimiento tan terrible que sería capaz de correr al auxilio de cualquier persona solitaria que necesitara mi compañía. Me parece que hay tantas cosas por hacer en el mundo, tantas cosas de las que hablar, tantas cosas que ver, tantos labios que besar -durante las veinticuatro horas del día, si es necesario- , que estar solo o sola es una soberanísima pérdida de tiempo.
En mis etapas de estudio más intenso es cuanto más sola me siento y es que el estudio es una actividad necesariamente solitaria, igual que la lectura y la escritura. Por eso, mi parcelita de la soledad queda ampliamente cumplida con estudiar, leer y escribir, así que, una vez dedicado el tiempo necesario a esas actividades lo que necesito es contacto humano, físico, mental o si no puede ser de otro modo, pues telefónico, y por eso Movistar está a punto de nombrarme Clienta Predilecta.
Ana Ozores tiene poesía en el corazón pero vive rodeada de un mundo infinitamente prosaico. No es fría ni calculadora, como Emma Bovary, aunque la trama de las novelas sea bastante parecida. Ana sólo quiere huir de su soledad, por eso le da lo mismo tirarse en varias y repetidas ocasiones al bellísimo
Álvaro Mesía que pasar la tarde dialogando con el oscuro confesor
Fermín de Pas.
Ella necesita a alguien a su lado en quien verter ternura porque Ana es un personaje, ante todo, ternísimo, marcado por su orfandad y su necesidad de afecto. Por eso es tan desgraciada y, por ejemplo, cuando el cretino de Álvaro Mesía la saca a bailar, en mitad del Casino, a ella le importa cero que toda Vetusta la vea extasiada en los brazos de su amante. Mientras tanto, como está buenísima, él sólo piensa en las caderas de ella, mientras la pobre Anita se halla inmersa en todo un baile de sentimientos que el maromo ni se imagina:
Don Álvaro ofreció el brazo a la Regenta, que buscó valor para negarse pero no lo encontró […] Mesía la llevaba por el aire, como en un rapto; sintió que aquel cuerpo macizo, ardiente, de curvas dulces, temblaba en sus brazos. Ana callaba, no veía, no oía, no hacía más que sentir un placer que parecía fuego; aquel gozo intenso, irresistible, la espantaba; se dejaba llevar como cuerpo muerto, como en una catástrofe; se le figuraba que dentro de ella se había roto algo. Al día siguiente, a ella le urge hablar con su amante espiritual, Fermín de Pas. Otro que tal baila. Mientras ella le necesita, porque tampoco puede vivir sin él, él sólo verá a la hermosa Regenta, mientras Ana, desnuda ahora de alma, sólo necesita de su compañía y de su afecto:
De Pas vio a la Regenta más hermosa que nunca: en los ojos traía fuego misterioso; en las mejillas, el color del entusiasmo, de las conferencias íntimas, espirituales. -Lo que yo quería, que nos viéramos en seguida.- dijo Ana. Y si no tiene a ninguno de los dos a mano, a quién le importa. Ella se cuelga, sin remedio alguno, de quien haga falta. Va en la noche de Todos los Santos a ver
El Tenorio al teatro y la muy bobalicona se queda anonadada con el personaje teatral. No me digáis que no es para pedírsela como regalo de cumpleaños:
Empezó el segundo acto y D. Álvaro notó que por aquella noche tenía un poderoso rival: el drama. Anita comenzó a comprender y sentir el valor artístico del D. Juan emprendedor, loco, valiente y trapacero de Zorrilla.A mí me parte el corazón, porque su soledad es la soledad de los perdidos y porque me encantaría robársela a Clarín, sin piedad, y para siempre, y llevármela a tomar unas cañas, a comprarnos ropa juntas y al concierto de
Chenoa... Decirle, en definitiva, que yo estoy aquí para lo que haga falta, que iban a enterarse don Álvaro y el cura de lo que son capaces de hacer las mujeres cuando se sienten arropadas y acompañadas. U hombres, que si no, luego me dicen que hago distingos y yo, como amiga, no tengo precio cuando alguien me necesita y me llama, que, como os dije en el post de mis amigos los hombres -que podéis leer
AQUÍ, a veces se llega al corazón sin pasar por las sábanas...
Anita, de verdad, y todos que aquellos que os sentís solos, personajes o seres reales, divinos o mortales, salid de vuestras páginas y vámonos juntos de marcha.
Boldini, La Condesa Zychi, (1905) pero en realidad es Ana Ozores lista para venirse al concierto de la divina Chenoa el sábado que viene. Que nos avise con tiempo, ¿verdad Cárol? Tendré que comprarle a ella también la entrada.