Este verano leí una de las novelas más bellas que he leído en toda mi vida. Soy poco osada con lo que leo ya que suelo leer a autores muy consagrados o, como la fashion victim que soy, las últimas novedades, radiantes, en los expositores de las librerías y cuyas críticas he leído de antemano en el suplemento del domingo o que alguien me recomienda. Una de mis mejores “recomendadoras” (y “prestadora” de libros) es mi tía Marisa cuyo criterio es para mí fundamental porque, aunque ella ya no se siente maestra, en el fondo es una de las personas más didácticas que conozco. Ella me recomendó Cometas en el cielo, de un escritor afgano llamado Khaled Hosseini.
“Redonnita, léelo, te gustará, hazme caso” y, aunque lo tuve más de un mes en el estante de los libros del sí, del no y del quizás, lo leí y hoy, tras varios meses, sigue haciéndome pensar. Hay libros que pasan por tu vida de puntillas pero otros deciden quedarse para siempre y se hacen un hueco en tu corazón, página a página. Eso me sucedió con la maravillosa historia de Amir y Hassan, una bella historia de amistad, de culpa, de engaños y desengaños, de mentiras y de verdades incontestables.
Además de que descubrí muchas cosas de Afganistán y de su triste historia reciente, me fascinó, una vez más, la cultura y la religión musulmana. Quien yo creo que es el alter-ego del escritor –mi deformación profesional me hace leer siempre creyendo cosas que quién sabe si serán ciertas o no, pero yo no puedo leer sin interpretar- repite durante toda la novela que el único pecado es robar. En el robo pueden resumirse todos y cada uno de los pecados y, así, por ejemplo, mentir es “robarle a alguien el derecho a la verdad” o robar algo material a alguien es “robarle su derecho a la equidad”. Unas reflexiones realmente fascinantes, una novela llena de ideas sobre las que pensar.
El pobre Amir pasa toda su vida intentando que su padre esté orgulloso de él porque le considera un héroe al que imitar. El padre, recto y riguroso, bondadoso y altruista a ojos del mundo, oculta un secreto terrible que el protagonista irá descubriendo a lo largo de toda su vida y que le hará comprender su estricto y honorable comportamiento ya que es un hombre torturado por la culpa de ese secreto que mantiene al lector en vilo hasta las últimas páginas. La culpa, la culpabilidad es lo que convierte a ese hombre en un personaje oscuro y hermético aunque inaugura orfanatos, da de comer y dinero a los necesitados y es el hombre más amado y respetado de la comunidad.
Sentirse culpable por algo, que un error te mortifique o que los fantasmas del arrepentimiento te persigan de día y de noche puede convertirse en una auténtica tortura. Muchas veces hay cosas que haríamos y no hacemos sólo por no tener después que arrepentirnos. Yo de jovencita solía seguir como filosofía de vida ese proverbio popular que dice “prefiero arrepentirme a pensar en por qué nunca lo hice” pero la madurez te enseña que, en ocasiones, va siendo mejor dejar algunas cosas por hacer y por decir. Quizás mañana, quién sabe, sea mejor momento porque no por mucho madrugar amanece más temprano ni siempre al que madruga, Dios le ayuda. Hay que aprender a limitar la osadía a leer libros de escritores desconocidos afganos, por ejemplo, que eso sí que da buen resultado. Aventurarse en hazañas y odiseas de las que no se sabe muy bien cómo va a salirse es mejor dejárselo a aquellos que son capaces de dormir a pierna suelta porque ni siquiera son conscientes de sus errores y sus fallos. Cuando cometes un error y no sólo eres capaz de reconocerlo sino que además, encima, te toca arrepentirte, igual que le sucede al protagonista, tienes dos opciones. La primera es torturarte sin remedio y la segunda es la redención.

Como dice ese gran libro, la auténtica redención no está en admitir la culpa, en reconocerlo ni en la búsqueda del perdón sino en conseguir que el sentimiento de culpa desemboque en bondad.
Cuando te veía se veía a sí mismo y a su sentimiento de culpa. Estás todavía muy enfadado para comprender que cuando tu padre era duro contigo lo estaba siendo también consigo mismo. A veces pienso que todo lo que hizo era su forma de redimirse, dar de comer a los pobres, construir orfanatos y prestar dineros a sus amigos necesitados era su forma de redimirse. En eso consiste la auténtica redención, Amir: en el sentimiento de culpa que desemboca en la bondad” Cometas en el cielo, K. Hosseini
|
Comentarios:
¡¡Qué bonito Redonna!! … me apunto el libro y me lo llevaré de vacaciones ahora en Navidad … ¡¡ya estoy deseando tenerlo!! .. igual hasta “lo pillo” antes.
Mil besos y mil gracias por todo lo que nos das
Redonna, como siempre.... ¡apasionante!
Ya he conseguido el libro en la biblioteca y el jueves pasaré a buscarlo.
Besos guapa.
He hecho la carta al olentzero y a los reyes y les he dicho que se pongan de acuerdo a ver cual de los 4 me lo trae...
Yo tambien pienso comprarmelo, gracias por la recomendacion.
Me lo apunto ya te contaré
La primera es torturarte sin remedio y la segunda es la redención.
APUNTO LIBRO Y FRASE. Gracias.
Y yo también me lo apunto.Gracias por la recomendación.
Hace unos días leí este artículo tuyo. Y me compré el libro. Hacía muchísimo tiempo que no me compraba un libro, andaba un poco mal de dinerillo y se los pedía a mi suegra.
Ha merecido la pena el resultado. Hoy he terminado de leerlo. Desde luego no es un libro que pase inadvertido. Hacía tiempo que no leía una historia con tanto sufrimiento, Khaled transmite una tristeza que traspasa las letras... además de la historia que ya es dura de por sí, tiene como telón de fondo la historia de un pueblo como el afgano.
Cuando leo o veo cómo los humanos somos capaces de semejantes atrocidades, me doy cuenta de lo afortunada que soy por haber nacido en este momento y en este lugar.
Me alegro mucho, Funita...un abrazo...
GRACIAS Redonna, he disfrutado con la lectura y lo recomendaré, hago mios los comentarios de Funa,
He pedido otro del mismo autor, nosequé de los mil soles, no me acuerdo bien, ya te diré.
Besos
"Mil soles esplendidos", mismo autor.
No tengo palabras para describir el sufrimiento de las pobres mujeres afganas, qué afortunadas somos de haber nacido en occidente y de tener casi lads mismas oportunidades de los hombres.Ni en los peores casos de violencia de género en España se viven esas situaciones.Estremecedor.
Recomiendo vivamente su lectura.Me cuesta encontrarle cosas buenas al Islam.Excepto la mezquita de Córdoba y la Alhambra de granada, pero ya tienen mas de 800 años, y esto pasa actualmente. Besos.
Hacer comentario:
|