LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Miércoles, 14/11/2007
CARPE DIEM, DONCELLA, QUE SE SECAN LAS ROSAS
Les digo esta mañana a mis alumnos que los exámenes no han ido tan bien como yo esperaba. Lo siento, quizás tendré que explicar de otro modo o ellos hincar algún ratillo más los codos; ya se sabe, la culpa nunca es de uno solo y sé que la Literatura Medieval no es lo más divertido de la galaxia pero es lo que nos toca. Les miro, paseo entre ellos y les digo, casi uno a uno, cómo va la corrección de sus exámenes que todavía no he terminado. Miro a una de las chicas, que cada mañana mira mis bolsos y mis botas Camper extasiada, que toma en sus apuntes hasta mis suspiros, responde frecuentemente correctamente y suele hacerme preguntas inteligentes. “El tuyo está bastante, bastante bien, Menganita.” Sigo mi paseo entre sus pupitres y, cuando vuelvo a mi mesa, veo a Menganita con los ojos enrasados en lágrimas. “Te he dicho que está muy bien, Menganita, de verdad, ¿no me has entendido?” Abro mi carpeta y lo compruebo. Saco su examen. “Que sí, que sí, que va realmente bien, tranquila”. Rompe a llorar. Sale del aula corriendo. No entiendo nada. Silencio.
Supongo que algo ajeno a mis clases, evidentemente, le sucede a esta muchachita y yo lo desconozco por completo. Les miro, con cara de alucinada y les digo “Si a vuestra edad supiéramos lo mucho que se complica la vida cuando creces, no sufriríamos tanto.” Es verdad. Yo siempre suelo decirles a mis alumnos la verdad. Les relato anécdotas cotidianas, les cuento cosas triviales de mi vida, del pasado o del presente porque me parece bastante didáctica la educación a través del ejemplo. Yo no puedo tratar de que ellos adquieran un gusto hacia la literatura, la historia y el arte, si no les relato con pelos y señales el momento en que casi caigo desfallecida un diez de agosto con cuarenta grados a la sombra al entrar en Pompeya, borracha perdida de historia y de belleza. Creo que así, hablarles de lo hermoso de los versos de Safo o de las hazañas de Eneas les resulta mucho más atractivo, no puedo evitarlo.
Ser adolescente resulta en ese momento difícil, en ocasiones, terrible. Es la época de la que más rápido quieres salir pero que pasas el resto de tu vida añorando. No me refiero a esos años de edad del pavo en los que no eres ni una niña ni una mujer, sino a los diecisiete o dieciocho años, cuando todo parece tan trágicamente complicado, cuando tus sentimientos todavía no encuentran ningún tipo de correlato. No hay nada con lo que comparar, nada que te ayude a predecir cómo será el siguiente paso. Todo parece irrepetible, todo está por llegar y todo son sueños por lograr.
Yo recuerdo frecuentemente esa época, es muy fácil hacerlo cuando estás rodeada por personas de esa edad que además te cuentan sus cosas o si no, las intuyes, como ellos también intuyen –lo huelen, como el miedo- si estás a gusto en su clase y te crees lo que explicas, si detestas a tu compañero, el de Francés o te tomas siempre los cafés con la de Matemáticas. Son jóvenes e inexpertos pero no idiotas.
Si muchos adultos tuviéramos siempre detrás a otro recriminándonos, minuto a minuto, cada uno de los errores que cometemos, nuestra vida sería insoportable. Quizás, por lo tanto, recriminar cada error y cada fallo de los jóvenes, sin pensar que nosotros también los cometemos tenga mucho que ver con el infierno personal que se vive a esa edad. Hay alumnos a los que abofetearías, a los que ponerles un rosco en mitad de su boletín de notas es un placer incomparable, o que te miran desafiantes, como si fueras su enemiga más acérrima. Otros, por el contrario, merecen tanto la pena que cada mañana me renuevan las ganas, que me dan lecciones de humanidad y de coraje, de ganas de vivir y de sentirme tan joven e inexperta como ellos, de irme a fumar un cigarro al baño escondidas y contarles que el jueves me tomé dos cañas después del cine y el viernes fui a trabajar con un poco de resaca.
Por cierto, Menganita me estaba esperando al final de la clase en la puerta del aula. “Perdona que me haya marchado”, ha dicho. “¿Estás bien? ¿Qué te pasa?”.“Nada, mañana te explico mejor. Llevo unos días un poco nerviosa, no sé, cansada. Ahora vas con prisa, mañana hablamos.” “De acuerdo”, le he dicho, “cuando quieras”. Mientras me marchaba por el pasillo pensaba que mañana les hablaré, sin falta, del CARPE DIEM ("aprovecha el momento") y del COLLIGE, VIRGO, ROSAS ("coge -disfruta, no dejes secar- doncella, las rosas".) Dichosos los años en los que podías salir corriendo cuando se te saltaban las lágrimas.
Comentario de: Beth [Usuario] Miércoles, 14/11/2007 - 22:57
NO HA PASADO MUCHO TIEMPO, PERO RECUERDO MUY BIEN A MIS MAESTROS CUANDO TENIA 17 AÑOS, ELLOS ME AYUDARON A DEFINIR LO QUE DESEABA EN MI VIDA, HAN SIDO Y SERAN SIEMPRE MI EJEMPLO Y LOS LLEVO EN MI MEMORIA Y EN MI CORAZON...
LINDO POST
BESOS
Comentario de: pepita grillo [Visitante] Jueves, 15/11/2007 - 08:45
Al igual que a tí Redonna me encanta el pensamiento del CARPE DIEM . Tambien pienso siempre que me encantaría volver a mis dieciocho pero sabiendo lo que sea ahora por mis vivencias. Aunque quizas fuera algo aburrido!!!!!!!!
Todos tenemos un profesor/es que recordamos con mas cariño y nos ayudo . Seguro que tus alumnos te recordaran a tí .
Es estupendo encontrar un profesor que disfruta de su trabajo y que da lo mejor de sí en cada clase, sin dejarse desanimar por las actitudes de algunos.
El otro día le dije a mi hija "ya tendrás motivos para sufrir cuando seas mayor", pero ella no lo entendió, porque ella sufre ahora, con razón o sin ella, pero es que está en la edad. Un beso.
Comentario de: Eva [Visitante] Jueves, 15/11/2007 - 17:19
Cada vez que pienso en los años de la adolescencia... me pongo a temblar.
¡¡ De todo hacíamos un mundo !! ¡¡ Cuántos dilemas por cualquier tontería !!... y eso que yo (para bien o para mal) no era de las que me "colgaba" de un chico y mucho menos de un "famoso".... no llevaba cantantes ni actores en la carpeta ni cosas de esas... pero todo era un mundo.
Es una etapa bonita, pero a la que no volvería. Y cuando veo adolescentes, que son realmente infelices en esa época, que todo les parece a ellos que les va mal, que creen que el mundo está en contra de ellos, que la chica que les gusta no les ha mirado y esa noche ya no pueden cenar... cuando veo esas cosas, sonrío, pq están en una época bonita (en parte), pero a la vez les mando todas mis fuerzas, para que ellos tengan energía para salir de ahí.
Comentario de: Aurora [Visitante] Jueves, 15/11/2007 - 18:53
La adolescencia es una época realmente complicada, demasiado intensa, los sentimientos se magnifican y es muy difícil ver las cosas con objetividad. También es el momento en el que comenzamos a definir nuestros intereses y las influencias son fundamentales. Yo recuerdo con especial cariño a los profesores que me incitaron a cuestionarme el mundo, a tener mi propia opinión. Mi profesor de teatro, el de literatura, la profesora de arte creo que fueron fundamentales en mi formación como persona. Seguro hay muchos alumnos en los que estás dejando huella.
Cuando hablamos con pasión de aquello que nos gusta despertamos el interés de los demás sin pretenderlo.
Perdón por el tostón. Me gusta mucho blog.
Saludos
Comentario de: amanda [Visitante] Miércoles, 21/11/2007 - 00:25
Uno no termina nunca de aprender, hace tiempo que tuve una profe de historia que me marco profundamente, cuando iba al cole, ahora que soy más mayor voy a la universidad, y estoy aprendiendo " humanidades"creo que no hay nada mejor , que decir y agradecer a todos los profes, lo que aprendiste de ellos,,,tal vez sin que ellos mismos sepan, a veces, lo que transmiten,,,,,,,,
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...