¡¡¡Noooooooooooooo, no puede ser verdad!!!
Estoy a punto de sufrir un colapso, de la emoción. No, no, no…. no puedo creerlo. ¿Es posible que yo no me hubiera enterado de esto? ¡Mi novela favorita entre todas las novelas que he leído, entre todas las que leeré jamás, la novela entre las novelas, LA NOVELA ha sido llevada al cine!
No sé si reír o llorar, la verdad… Estoy en uno de esos durísimos trances en los que no sabes si algo maravilloso acaba de pasarte o es tan trágico que tu vida cambiará en un segundo para siempre. ¿Qué hago? ¿Río o lloro?
¡Adiós a mi Florentino, joven, imaginario! ¡Adiós al Florentino maduro, al Florentino viejito…! ¡Adiós a la elegante Fermina, al pulcro doctor Juvenal, a la dulcísima tía Escolástica y al padre controlador! Nooooooooooooooooo, mis personajes… ¡Adiós para siempre!… Ya siempre serán Javier Bardem –ahora tendré que pasar de odiarle a amarle- y una desconocida para mí actriz italiana. Lo peor de todo es Unax Ugalde, que si ya fue duro tener que ponerle su cara en forma de rombo a mi niñito Iñigo de Balboa, ahora no sabré si estoy en mitad del Caribe, camelando a Iñigo para ligarme al Capitán Alatriste, o leyendo las cartas de Florentino con sabor a sal en el Corral de la Pacheca en el siglo XVII. Es toda una gran desgracia.
Lo peor es que me muero de ganas de verla, lo peor es que no me parece tan mala idea. Debe ser ese puntito masoca que tengo. En el fondo, me gusta que las grandes obras tengan su película. A veces cuando leo un libro fantástico pienso en cómo sería llevada al cine. Cuanto más me gusta un libro, más me imagino su película.
Ya no puedo esperar a ver el momento en el que Florentino Ariza, tras pasar toda una vida esperando a su diosa coronada, Fermina Daza, le espeta en el entierro de su marido: -
He esperado esta ocasión durante más de medio siglo, para repetirle una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre.
El escenario siempre fue Marina di Pisa, que a la vez es también, curiosamente, mi Macondo particular. Nada que ver con Colombia pero quizás sean sus casitas coloniales, la brisa del Tirreno…Mi querido Florentino... ¿cómo serán vistas en la pantalla tus noches lunáticas? Tengo curiosidad por saber si habrá una escena en la que, enfermo de amor, febril, come rosas y escribe versos con alfileres en pétalos de camelias... ¿cómo llevarán a la pantalla fragmentos como este?
Fue el año del enamoramiento encarnizado. Ni el uno ni el otro tenían vida para nada distinto de pensar en el otro, para soñar con el otro, para esperar las cartas con tanta ansiedad como las contestaban. Nunca en aquella primavera de delirio, ni en el año siguiente, tuvieron ocasión de comunicarse de viva voz.¿Y toda la maravillosa galería de personajes secundarios? –Tránsito, Hildebranda, Lotario…- ¡Qué inquietud! ¡Qué ansiedad! ¿Lloraré en las últimas escenas igual que lloré en las últimas páginas? ¡No puedo esperar más! ¿Y la banda sonora? Cielos, si me hubieran preguntado a mí... sin duda ninguna... ¡Shakira!¿Es posible que sea realidad tanta belleza? Sí, ella será la voz del destino de los amores contrariados. Sólo pido una cosa, que siga siendo inevitable, que la novela más bella que se escribió jamás siga teniendo el olor de las almendras amargas. Que empiece la historia...
Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro…
El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez