hoymujer.com
Buscar
por palabra clave
Buscar
 
LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Domingo, 21/10/2007
ME VUELVES COMPLETAMENTE LOCA

Me encanta el teatro, es otra de mis aficiones. Cuando sé que tengo entradas para ir a ver una obra paso todo el día un poco enferma. Me duele el estómago, de los nervios, estoy un poco alterada –más de lo normal- todo el día.  Me parece un momento único e irrepetible, la literatura sale de los libros y se convierte en vida frente a mis ojos. Es casi un ritual esperar, abanicándome con el programa, a que apaguen las luces y, me da un vuelco el corazón, cuando se escucha: “Señoras y señores, la representación va a comenzar".

De jovencita estaba en un grupo de teatro, desde el instituto hasta que acabé la universidad,  y ser profesora tiene también mucho de ser actriz. Supongo que, por eso, ponerme delante de todos mis alumnos cada mañana es un acto “dramático” que me apasiona. Yo misma soy bastante teatral, en mí misma, gesticulo, acciono y programo diálogos que luego, eso es lo peor, suelo llevar a la práctica con toda naturalidad.

Los personajes del teatro español no es que sean mis favoritos. Quitando a los personajes de Lorca (estoy tardando demasiado en hablar de ellos pero, llegará, llegará y os aburriré con mis “lorquerías”, como dice mi madre)  los personajes españoles son bastante anodinos. Eso lo prueba que llevar al cine una obra española haya sido bastante difícil y los intentos, bastante mediocres. No existen personajes de la talla psicológica de los ingleses, por ejemplo. Si tuviéramos que nombrar a un personaje teatral español…silencio, no se nos ocurre ninguno. Hablando de este tema, alguien me respondió hace poco: el Tenorio, pero lo decía refiriéndose al de Zorrilla, y sí, tal vez sirva, pero necesitó un par de siglos para “formarse” desde que Tirso de Molina se inventara el donjuanismo.  Lo siento, mi querido y bello Don Juan, respuesta equivocada.

Ahondando  mucho, me quedo con Segismundo, el de La vida es sueño. Es el único que se acerca un poquito a la altura de un Hamlet, por ejemplo. Y eso que Hamlet me cae fatal, me parece detestable y un niñato bastante agilipollado por las ínfulas de su estatus, que deja de lado a su amor por resolver problemas familiares. Incluso se inventa que se vuelve loco, el muy ingrato, pensando que Ofelia le ha traicionado en los asuntos cortesanos. Bastante tiene ella con amarle como una loca, tanto que se vuelve, de verdad, y no de mentirijillas, como él, que es un perfecto imbécil. Ofelia sí es un bello personaje, por loca, por bonita, por hermosa, por tener una muerte que ha inspirado poemas como el de Rimbaud,  pinturas como la de Millais y convertirse casi en un icono, ahí, flotando sobre las aguas, como una ninfa caída directamente desde el Olimpo:


Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que así durase por mucho espacio. Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían la arrebataron a la infeliz; interrumpiendo su canto dulcísimo, la muerte, llena de angustias. 

Hamlet, W. Shakespeare, Acto IV y Ophelia, por Millais, siglo XIX.

Hamlet simboliza para mí al hombre que deja de lado a su amor por un amor desmedido a sí mismo y a sus preocupaciones. Tiene grandes diferencias, claro, porque el príncipe lo que busca es saber quién ha matado a su padre por mandato expreso de su fantasma pero en el fondo yo creo que lo hace porque, imbuido en un patológico complejo de Edipo, no soporta ver a otro tío ocupando el trono de Dinamarca junto a su madre. Todo queda relegado a segundo plano, y la bellísima Ofelia, mientras tanto, paseándose con sus mejores galas, desquiciada,  por el palacio reclamando un poquito de su atención. Y Hamlet, duro y dale, dejándola de lado, una y otra vez,  en busca de su verdad, sin saber qué hacer con su vida. Ofelia no entiende nada, no comprende por qué, de la noche a la mañana, su príncipe la repudia y, lo peor, la ignora. Así que enloquece, como todas las mujeres enloquecemos cuando no nos corresponden.

La cuestión es que Ofelia, la pobre Ofelia, si se hubiera ido a dar un garbeo por el establo cuando el otro mamarracho no la hacía caso y se hubiera tirado en repetidas ocasiones al mozo de cuadras,  hubiera acabado tan loca como esperando a Hamlet en la alcoba.  Hubiera enloquecido entonces de remordimientos o, lo peor, se habría colgado del otro, que seguramente a esas alturas se estaría revolcando con otras varias y variadas amazonas a las que, a su vez, también acabaría volviendo locas.

 
Escrito por Redonna a las 12:54 pm Hacer comentario (0)

     Enlace permanenteEnlace permanente Mujer Actualidad Belleza Amor Sexo
 Comentarios:

Aún no hay Comentarios para este artículo...

 Hacer comentario:
Tu mail no se mostrará en la página
Se mostrará tu URL
Opciones

(Saltos de línea se convierten en <br />)
(Fijar cookies para el nombre, email & url)

Por favor, introduzca las letras que ve en la imagen:

 LOS BURKAS DE OCCIDENTE (Personales)
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino. Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad. Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir. Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...
 
LUN MAR MIE JUE VIE SAB DOM
<<  <  
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    
 

 Buscar


Todas las palabras
Alguna palabra
Frase entera

 
 
 
   
 
VOCENTO