LOS BURKAS DE OCCIDENTE. Esas pequeñas cosas con las que convivimos (Personales)
Lunes, 24/09/2007
MALAS, MALÍSIMAS
No suelo abrir los archivos y
presentaciones Power Point que manda la gente por correo electrónico aduciendo
en el campo del asunto: MUY BUENO, LEELO! y cosas por
el estilo. Queridos amigos, hermana y primas que los mandáis frecuentemente, lo
siento, no los leo… casi nunca.Una
amiga, que nunca suele mandarlos, me mandó uno muy especial que esa vez sí leí.
Hablaba sobre las amigas, las que no están, las que están, de tu madre y de tu
hermanas, de la relación especial que nos une a las mujeres.Os prometo que, pese a su pésima redacción,
me pone los pelos de punta. Quién sabe si es por la música, las imágenes o su
combinación o mi hiperestesia crónica pero me sucede lo mismo que con un montón
de fetiches lacrimógenos que tengo, como los reencuentros televisados de
familias dispersas, La vida es bella o el
final de El amor en los tiempos del cólera
del genial García Márquez: lloro, lloro y lloro, como una niña pequeña.
Las mujeres somos malas, ese es el burka de hoy.
Qué gran y rentable mentira. La mayoría de las mujeres que conozco no lo son,
todo lo contrario. Las hay malas y rematadas, maquiavélicas y deplorables, a
cientos, yte cruzas con ellas frecuentemente,
envidiosas y rencorosas, vengativas y detestables, amorales y carentes de toda
ética. Sí, existen, exactamente en la misma proporción que existen hombres a
los que aplicar toda esa serie de adjetivos.
La misma Biblia nos coloca como las malas de la
película desde la primera página, el demonio, desde los súcubos medievales,
tiene cuerpo de mujer. Qué dolorosas frases esas de “las mujeres son/somos muy
malas”, “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”. Qué sarta de crueldades
hacia nosotras que aceptamos e, incluso, ante las que solemos asentir y
pronunciar sin darnos cuenta, por no
hablar de lo competitivas que somos entre nosotras, en la absurda búsqueda y
lucha por el macho Alfa –esta es una de las estupideces más grandes que he oído
últimamente y hablaré sobre ella- o en si nos envidamos sin razón unas a las
otras. Sólo, una vez más, nos están denigrando y discriminando.
Lucrezia Borgia, en el retrato de Bartolomeo Veneziano
No tengo amigas de esas que te
envidian en silencio y te dicen que esos vaqueros que te quedan fatal son la
mejor prenda de tu armario: las alejé de
mí al mismo tiempo que el acné y la raya de ojos pintada por dentro,
aproximadamente a los dieciséis. Tengo compañeras de trabajo competitivas y
trepas, pelotas y de sonrisa falta pero creo que son tantas –o tan pocas, por
suerte-como compañeros. Conozco a
mujeres que son capaces de destrozarte la vida con un rumor o con una mala
palabra, de hacerte pasar por un infierno si se lo proponen pero también
conozco el mismo número de hombres dotados de esas mismas maléficas
capacidades.
Por el contrario, estoy rodeada
de mujeres como las que describe el Power Point que me hace llorar y que reza
algo así:
Tenemos amigas de la familia, las primas y
tías, que siempre van y vienen de nuestra vida, probando que el tiempo pasa,
pero ciertas cosas nunca cambian... Aquella amiga desbocada que sólo
habla con malas palabras, se mete en enredos, pero hace que nos riamos mucho. Aquella
con quien damos opiniones sobre ropas, personas, cortes de cabello y zapatos. Tenemos la que es llorona, la nos
critica sin maldad cada cinco minutos, aquella que sabe de todo, la que es
cariñosa, dulce, que gusta de abrazarnos o enviarnos mensajitos llenos de amor.La que le
contamos absolutamente todo, y que sentimos siempre que fuimos entendidas,
aquella que nos dió la espalda
cuanto más la precisamos. La compañera de trabajo con la que da gusto trabajar
codo con codo. La que hace todo lo que le pedimos. La que nos escucha cuando
estamos enamoradas y pasamos horas hablando de lo mismo. La amiga que entiende cuando la dejaste
para estar con tu pareja. Y aquella otra que exije
tu atención.La que nos llama sólo el día de nuestro cumpleaños, y que así
mismo adoramos.La que era muy cercana, se alejó y nunca más supimos.También la
que tenemos un cariño enorme desde la primera vez que la conocimos sin saber
explicarlo bien. Y la gran amiga o grandes amigas, tu hermana o tus hermanas, con quien se comparte lo más precioso que
tenemos, nuestra madre.
Definitivamente, no. No somos malas o al menos no mucho más malas que
ellos pero tenemos nuestro San Benito de maldad colgando de nuestros cuellos
por el mero hecho de ser mujeres. Aunque no se vea a mí me parece más llamativo que cualquier chador porque, lo peor
de este tema, es que somos nosotras mismas las que nos lo atamos
frecuentemente, bien fuerte, al cuello.
¿Llevamos burka las mujeres occidentales? Evidentemente, no. Nosotras somos libérrimas, amas y señoras de nuestro propio destino.
Qué triste me parece que, de veras, nos creamos completamente esa milonga de la igualdad, de los derechos, de la absoluta libertad.
Esos pequeños –y grandes- burkas con los que convivimos diariamente las mujeres del avanzadísimo, desarrolladísimo y cultísimo occidente en el que nos ha tocado, por suerte, vivir.
Pero...¿Y SI TODO ESTUVIERA DICHO YA? LA MÁS HERMOSA DE LAS MENTIRAS, LA LITERATURA, TIENE TANTO QUE DECIR...